OPINIÓN

La educación como bandera

Hay dos cuestiones indiscutibles a la hora de determinar el desarrollo de un país. En el ranking de los países modernos el mejor termómetro para medir su avance, su desarrollo, su estado de bienestar lo constituyen la Fiscalidad y la Educación. Un sistema justo a la hora de pagar los impuestos es determinante para que una sociedad tenga una clase media fuerte, que defina el grado de bienestar social, y sirva de motor de la economía. 

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No hay que mirar si los impuestos son altos o bajos, hay que mirar si su redistribución es equitativa, y si revierten esos impuestos en servicios para los ciudadanos.

Pero el símbolo por excelencia que define el desarrollo de un país es la Educación; una Educación pública de calidad y montada bajo estrictos criterios de universalidad. Si hacemos una lista de países por orden de su desarrollo, sus avances y su estado del bienestar, coincidirá exactamente con aquellos que tienen establecida una edad más avanzada en su enseñanza obligatoria. A mayor edad en el establecimiento del límite de la enseñanza obligatoria, mayor desarrollo, modernidad y bienestar social de ese país. Eso lo puede comprobar quien quiera. 

Pero que no venga nadie a confundirnos. Una enseñanza de calidad no es la que proporciona alumnos que sepan los reyes visigodos de memoria. Eso está muy bien, y es bueno tenerlo en cuenta a la hora de programar los espacios curriculares, pero no es lo fundamental. Eso encierra un engaño encubierto de selección. Lo fundamental es si el sistema educativo de un país llega a todos sus ciudadanos con las mismas oportunidades. Lo fundamental es que los estudiantes que comparten conocimientos en el extranjero dejen constancia del prestigio de nuestra Educación. Lo fundamental es que el programa educativo haya dejado su impronta en el conocimiento de los profesionales de ese país. 

Hay países, sí, con sistemas educativos muy destacados y famosos por su excelencia. Pero esa excelencia debe llagar a través de la igualdad de oportunidades, no a través de la selección de los “alumnos buenos”. Los sistemas que buscan la excelencia a través de métodos de selección conseguirán eminencias, sí. Pero el reto de un país moderno es lograr esa excelencia a través de extender el sistema a todos.