ANÁLISIS

Soluciones en una Europa Dual

Los contrastes económicos dentro de la Unión Europea y los problemas derivados de la actual crisis económica han sacado a relucir más que nunca las diferencias entre una Europa rica, industrial, y que ha sabido superar de forma más o menos rápida la crisis sin apenas efectos perniciosos, capitaneada por la fortaleza de la economía alemana, y una Europa que está encontrando mayores dificultades para superar su situación económica, una Europa menos industrial y estable desde el punto de vista económico, representada por el caso griego.

bandera europea (Copiar)

La idea de que existen dos Europas, por tanto, se encuentra hoy más presente que nunca. Pero hay que tener en cuenta que ninguna nación del mundo, ni si quiera las principales potencias mundiales ni los grandes bloques económicos, se encuentran libres de estos desequilibrios. En Estados Unidos las principales regiones industriales, y con mayor peso demográfico y económico, se concentran en sus dos costas; en España existen igualmente diferencias entre las distintas comunidades autónomas, al igual que en Italia entre sus regiones (curiosamente en ambos casos se reproduce el mismo esquema dual europeo de “norte y sur”), y así en los restantes Estados miembros de la Unión Europea.

La dualidad europea no se da únicamente en el plano geográfico y económico, la situación de crisis conlleva una dualidad en cuanto a responsabilidades, y algo similar también estamos viendo en cuanto a las medidas a adoptar para salir de ella, en cuanto a soluciones.

Todos y cada uno de los sujetos implicados deberían hacer autocrítica y asumir su parte de culpa correspondiente. La crisis griega cuenta con causas tanto internas como externas. Las primeras derivan de una mala gestión de los recursos y fondos financieros con los que contaba el país por parte de los distintos gobiernos helenos que se han sucedido en las últimas décadas, años en los que se ha echado de menos mayor transparencia con respecto al uso de dichos fondos, así como ha habido incompetencia y corrupción. Mientras que las causas externas de la crisis apuntan a una falta de concienciación y sensibilidad por parte de los restantes países de la eurozona, y sobre todo por parte de la troika y el FMI, hacia la situación que está atravesando Grecia, y la desventaja de la que partía su economía.

Siguiendo esta tendencia dual, las soluciones a adoptar para que Grecia salga de la crisis no son idénticas de emanar de las conclusiones del eurogrupo o de las llamadas cumbres del euro, donde siempre primaran los intereses nacionales de cada una de las partes, a hacerlo de la propia Comisión Europea, más predispuesta en sus negociaciones al interés común lo que a su vez contribuye a alejar a la opinión pública del sentimiento antieuropeista que suele surgir en coyunturas como la actual. Prueba de ello es el anuncio del 16 de Julio pasado en el que la Comisión Europea se comprometía a lanzar un plan para ayudar a Grecia a maximizar el uso de los fondos comunitarios con los que cuenta.

Lo “positivo” de la crisis – sin querer con esto desdramatizas sus nocivos efectos sociales – es que nos conducirá a una reestructuración, una reformulación, de las relaciones entre los Estados miembros, a un debate constructivo que pondrá a prueba el marco democrático en el que se basa la Unión, y esperemos que a partir de ahora se tienda a primar la solidaridad frente a la competencia.

Todo proyecto es siempre mejorable, y la Unión Europea, pese a los fallos que haya podido tener o los problemas que ha debido afrontar, ha demostrado hasta el momento que reporta más beneficios que desventajas a los Estados que la componen, y a sus ciudadanos y ciudadanas. Lo que ahora está en juego son las prioridades, el hecho de poner por delante de la deuda y la rectitud fiscal la preocupación por las personas, el bienestar de las sociedades europeas.