Digo difícil, por no decir lamentable. Algunos lo venimos diciendo desde el primer intento fallido de diciembre pasado. ¿Era mejor el bipartidismo que teníamos? No; rotundamente no. Es más: la situación lamentable que ahora sufrimos viene del bipartidismo. La alternancia en el poder, desde Cánovas y Sagasta, ha conducido a que el partido que gobierna haga lo que le sale del ombligo. El bipartidismo mal utilizado nos ha hecho olvidar que la política es diálogo, es acuerdo, es consenso. Olvido que nos ha sumido en esta difícil, o lamentable, situación.

Digo difícil, por no decir lamentable. Algunos lo venimos diciendo desde el primer intento fallido de diciembre pasado. ¿Era mejor el bipartidismo que teníamos? No; rotundamente no. Es más: la situación lamentable que ahora sufrimos viene del bipartidismo. La alternancia en el poder, desde Cánovas y Sagasta, ha conducido a que el partido que gobierna haga lo que le sale del ombligo. El bipartidismo mal utilizado nos ha hecho olvidar que la política es diálogo, es acuerdo, es consenso. Olvido que nos ha sumido en esta difícil, o lamentable, situación.

Por una parte, están los nuevos, los llamados partidos emergentes. Los partidos que habían hecho albergar la razonable esperanza de que vinieran para dar otro aire fresco a la política viciada por el bipartidismo. Pero esa esperanza se está diluyendo a marchas forzadas. Les falta un hervor. Han caído en la estrategia de la “casta”. Sí. Están obrando más por estrategia que por el interés general. Se han situado en la lucha por encontrar su espacio, por encontrar su sitio, por abrirse camino en el espectro político y social. Es lógico, pero estamos en lo mismo. Es la casta.

Por otra parte tenemos a un Partido Popular, acostumbrado a gobernar en solitario, sin tener en cuenta para nada a los demás; precisamente a los que ahora necesita. Se ha encerrado en la idea de que tiene derecho a gobernar por ser la lista más votada. Claro que tiene ese derecho, pero no a gobernar, por la sumisión de los demás; tiene derecho, y obligación, de buscar los apoyos necesarios para poder gobernar. Y para eso tiene que dialogar mucho, tiene que hacer propuestas, tiene que convencer. Y no lo está haciendo. No está haciendo otra cosa que apelar a la responsabilidad de los demás para facilitar un gobierno, sin darse cuenta de que esa responsabilidad es compartida. No lo hizo en la breve legislatura anterior y sigue sin hacerlo. Es difícil, pero la pelota está en su tejado. Tiene que buscar salidas al absolutismo, a las políticas de desigualdad y a la corrupción. Y no lo está haciendo.

Pero el bipartidismo lo forman dos. Quien está en la oposición tiene la obligación de rearmarse como alternativa, y no dedicar el tiempo a luchas e intereses partidistas, cuando no personales. ¿Y qué le pasa ahora? Que se encuentra sin la fuerza clara y suficiente para ser alternativa. La situación del PSOE no es más fácil que la del PP.