CON LA VIDA POR DELANTE

La llamada de la vocación

Admito que no supe quién era en realidad. Como todo pájaro que empieza a volar, tenía muchas ganas de libertad y olvidé preguntar a la principal y mayor interesada; a mí. A estas alturas sé que de poco sirve echarle la culpa a nadie. Confundir el tocino con la velocidad siempre fue mi talón de Aquiles. 

VICTORIA (Copiar)

Mi porvenir fue la consecuencia de una elección nada profunda, que poco tenía que ver con LA LLAMADA DE LA VOCACIÓN, ¡guau, cómo suena esto en voz alta! Si comparamos la intensidad de ese momento trascendental, podríamos hacerlo con la tensión que te puede surgir al elegir entre el plato nº 1 o el nº 2 del menú día….¿qué voy a tomar para el resto de mi vida…espaguetis o paella?...ardua tarea, si señor…

A los dieciocho años el mundo es una enorme manzana roja; apetitosa, madura, dulce, lista para pegarle un buen mordisco. Solo nos importa salir, ver, sentir, probar, reír, jugar, respirar profundo, aprender. Nada más. La mayoría no sabemos quiénes somos y mucho menos qué queremos.

Todos te dicen que llega una edad en la que tenemos que tomar una decisión que marcará el resto de nuestros días; suena a profecía y no veas lo que asusta.  Un día, hace algunos años, llegó ese momento para mí, el marcado, sí, pero no era mi momento. Con el tiempo uno acaba dándose cuenta de que, para ciertas cosas, las barreras temporales y la rectitud dogmática de las normas sociales son contraproducentes, y esta es, sin duda, una de ellas.

Con 29 años, con la vida planificada, una noche, me desperté y lo supe. Así, sin más. No hace falta adornar la verdad para que parezca más creíble. Había llegado mi momento, y la cuestión es que siempre había estado ahí, solo que no supe verlo …y todo lo que quedó atrás tan solo fue el camino que me llevó hasta ese preciso instante.

Aquella noche, me levanté, encendí la luz, cogí un cuaderno de tapas color naranja y un bolígrafo azul y comencé a escribir la que sería mi primera novela. Y la maravillosa sensación de crear se instaló en mí. Fue como llenar un hueco vacío en el alma que no podía completar con nada más.

Esa soy yo, la contadora de historias con vocación de escritora.

Hoy, con 34 años, viviendo en un mundo imperfecto, tengo que confesar que nunca he sido tan feliz.

Aprender lo no aprendido es ahora el objetivo que tengo entre manos.

Dentro de unos años, cuando vuelva a mi mente este intervalo de mi vida lo recordaré con una sonrisa. Reviviré la pasión con la que me encomiendo a la lengua y la literatura. Conocer a los grandes escritores,  la historia que les marcó y por qué escribían como escribían será un camino que me encantará recorrer.

Muchos dirán que a cierta edad es una locura empezar de nuevo. Una vida montada en los cimientos construidos en la juventud; eso es lo que se espera de todos nosotros. Pero qué misterioso es el destino, y aún más el universo que lo sustenta. No somos autómatas programados y, aun así, estamos sometidos a una educación militar donde no se ve al individuo y sus potencialidades. El objetivo es meternos a embudo una serie de contenidos y da igual que los entendamos o no, da igual que encajen o no con aquello que queremos llegar a  ser….porque nadie nos enseña a ser felices, porque la respuesta únicamente está dentro de nosotros mismos y, tarde o temprano, sea o no oportuno, inundará nuestra alma para hacernos comprender que siempre ha estado ahí, llenando ese hueco que no se podría colmar con ninguna otra cosa.