CULTURA

Cuatro historias de crímenes valdepeñeros protagonizaron la Noche de los Finaos de Raigambre

El Auditorio Francisco Nieva acogía en la noche del 1 al 2 de noviembre una de nuestras costumbres más ancestrales “La Noche de los Finaos”, organizada por la Asociación de Folclore Raigambre. Según las costumbres manchegas, se trata de una noche en la que las familias se reunían en torno a la mesa camilla, con velas o mariposas, porque los muertos venían a pedir justicia, y en esta ocasión los más de 80 asistentes pudieron disfrutar de la puesta en escena de cuatro crímenes reales ocurridos en Valdepeñas.

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A las 20:00 comenzaba la celebración de esta fiesta cuyo objetivo es “trasladar a la gente la noche típica de Finaos, en la que según nuestras costumbres y folclore andaban los muertos por los tejaos, con el fin de que no se pierdan estas costumbres tan nuestras”, explicó Luis Miguel Ferrero, presidente de esta asociación quién también señaló que este año el lema era una oración de ánimas muy antigua que dice: “Pecador las 11 son, ya puedes considerar como estamos, estarás”. Asimismo, recordó que con esta celebración no se trata de asustar sino de dar un ejemplo moralizante: “Es una fiesta que hemos sacado del enclave más familiar al público, respetando, enseñando y mostrando esas historias que para un manchego tradicional hacen que sea una noche mágica. Las almas de los muertos vienen a pedirnos justicia”.

El escenario, un auditorio en penumbra, con velas, donde al entrar Luis Miguel Ferrero esperaba al público con un candil para ir dirigiendo un recorrido en el que se podían ver actores representando, mientras el contaba la historia, los cuatro crímenes reales ocurridos en Valdepeñas: el del chocolate, una familia muere asesinada porque alguien les echó arsénico en el chocolate, el crimen de un cura que fue asesinado por el novio de la criada cuando le iba a robar, un hecho que se sitúa en la casa del sacerdote, ubicada en la esquina de la calle Seis de Junio con la calle Cristo, el crimen de un hombre que le cortó la cabeza a su mujer, estando él en la cárcel y como por ello le dieron garrote vil, además de cómo la justicia, para dar ejemplo, también le cortó la cabeza tirándola a la veguilla. El cuarto crimen es una historia de nuestra tradición oral “la de las asauras del muerto”, donde una madre y una hija están en torno a la mesa por la noche de finaos y la niña hambrienta llora la muerte de su mejor amiga, la madre va al cementerio le saca las asaduras a la niña muerta y se las da de comer a su hija, tras la cena oyen ruidos y es la muerta que viene a pedirles cuentas.

Todos los actores iban ataviados con ropa típica de finales de 1.700, así como Ferrero que llevaba un traje típico manchego, rosario y protección de medalla de San Benito con oración al mal de ojo y un escapulario de la Cofradía de la Paz y Caridad de Valdepeñas, ya desaparecida, que se encargaba de atender a las mujeres desvalidas, niños perdidos, ajusticiados y gente que estaba en la cárcel.

Unas 80 personas, pasando en grupos de 15, conocieron de primera mano historias oscuras de la localidad y participando en la recuperación de tradiciones que gracias a grupos como Raigambre perdurarán en el tiempo, sin que modas como Halloween acaben imponiéndose a lo que es nuestro: “La fiesta de Halloween es algo comercial, viene muy bien para muchas grandes superficies que exista Halloween, no tengo nada en contra, pero me parece que tenemos que tener un respeto hacia nuestras propias tradiciones, y por ello queremos demostrar a la gente que la noche de finaos se lo pasan muy bien”, apuntó Ferrero.

Ya el pasado año hicieron una fiesta, en su sede, con los más pequeños contando historias de miedo y degustando los productos típicos manchegos de estas fechas: nuégados, castañas, boniatos y patatas asadas, que “supuso un momento de compartir y de aprender entre todos”, según Luis MIguel Ferrero, algo que también celebraron anoche tras la puesta en escena en el Auditorio Francisco Nieva.