CULTURA

José Luis Gil anima a ir al teatro este domingo: "No es una propuesta por descubrir, sabemos que sí, que la cosa funciona"

José Luis Gil nació en nació en 1957 en Zaragoza, pero se crió en Madrid. Comenzó su andadura profesional en el teatro y poco después se incorporó al mundo del doblaje, donde ha prestado su voz a actores como Tom Hanks, Hugh Grant o Patrick Swayze. La popularidad le llegó en 2003 de la mano de la serie “Aquí no hay quien viva” y su papel de presidente de una más que peculiar comunidad de vecinos. Desde 2007 encarna al concejal Enrique Pastor en “La que se avecina”. En advaldepeñas le hemos entrevistado, a propósito de que este domingo viene a Valdepeñas para protagonizar “Si la cosa funciona”, la  adaptación teatral de la película del mismo nombre de Woody Allen.

- ¿Qué va a ver el público en “Si la cosa funciona”?

Una comedia de Woody Allen, muy divertida, con su toque… que siempre le da algo más: esas reflexiones de las que impregna a sus personajes y que la hacen más interesante, que no se quede en una comedia de reírse y nada más. Es una obra muy teatral, muy en clave de comedia; una historia francamente divertida y muy agradable de hacer, con la que todos estamos encantados.

- ¿Cómo definirías a tu personaje?

Boris se define el mismo al empezar la función. Es un científico, que ha sido candidato a Premio Nobel, con lo cual su nivel intelectual está fuera de toda duda, y que en lo que se refiere a sus reflexiones sobre la vida, ha llegado a unas conclusiones con las que viene a decir que sea lo que sea lo que estés haciendo, si la cosa funciona, disfrútalo, porque es lo que te vas a llevar.

Hace su crítica del poder, y de la Iglesia, en una reflexión en la que piensa que todos podíamos hacer algo más para que todo fuera un poco mejor. Tiene reflexiones por las que todos hemos pasado alguna vez, aunque no todas son agradables. Él decide no compartir su vida con nadie, porque cree que es superior a todo el mundo y no se entiende con la gente.

- ¿De su forma de ver la vida hay algo de él en lo que te reconozcas?

En la teoría, en mucho. En la impotencia de ver todo lo que tenemos a nuestro alrededor, en las manos de quien estamos y lo poco que hacen para solucionarlo. Llevarlo al límite como lo lleva Boris es complicado, se pasa un poco de rosca, pero lo que dice es francamente asumible por una gran mayoría de gente.

Lo que si hemos conseguido afortunadamente, partiendo de que Alberto Castillo- el director- y mis compañeros no nos conocíamos, es formar un grupo en el que desde el principio, todo fue muy fácil. Eso hace que el trabajo fluya y que se cree un buen ambiente que propicie que la comedia sea más natural y divertida. Ha sido toda una experiencia para mí. Disfrutamos mucho en el escenario y eso transmite mucho al público, porque es una comedia muy directa.

- Tu personaje se empareja con una mujer 30 años menor que él, pese a los prejuicios de la gente…

Si. Es una chica que llega a Nueva York desde un pueblo de Dallas donde lo más importante para sus padres es que sea guapa y gane concursos de belleza. Boris se la encuentra en la calle, ha ido a probar suerte a Nueva York y lleva tres días sin comer. Lo que empieza como una obra de caridad, de la que no es nada partidario, se convierte en una relación que surge de la admiración de ella hacia él y de la frescura y la inocencia de ella vista por él.

Boris va cayendo en sus propias contradicciones, el castillo de naipes que tiene montado sobre la vida, se desmorona al conocerla. Pero él no tiene prejuicios, sino que se los traen el resto de personajes, mucho más tradicionales.

- Durante muchos años te has dedicado a ser actor de doblaje. ¿Qué recuerdos tienes de esa etapa?

Tengo muchos recuerdos porque fueron muchísimos años, y todavía sigo doblando alguna cosa. Es una profesión que me ha dado de comer durante 25 años, en la que he estado muy a gusto y en la que no he hecho otra cosa que interpretar algo que ya estaba hecho, lo que le añade un plus de dificultad porque tienes que ser muy respetuoso. No tengo más que agradecimiento para una profesión que me recogió muy joven, que siempre me ha tratado muy bien y en la que me he sentido muy querido y respetado. Yo siempre digo que aun empezando de niño, he crecido como actor haciendo doblaje, haciendo cosas muy dispares durante mucho tiempo, es una gran escuela de aprendizaje.

- La gente te conoce sobretodo por interpretar a Enrique Pastor, ¿con qué cualidad de Enrique te quedas?

Me encanta de Enrique que siempre procura, aunque no siempre lo consiga, ser honesto y fiel a sus principios. El siempre lo intenta, y casi siempre empieza de cero porque le fallan las cosas alrededor. Sobretodo creo que lo más bonito e interesante de Enrique Pastor con respecto a la serie, es que es el punto de conexión con la tierra que tiene el público con respecto a los demás personajes. El resto cada uno está en su locura, y parece que la única conexión con la lógica y la normalidad, es Enrique.

- ¿Cómo animarías a la gente a ir a verte al teatro el domingo?

Sencillamente, porque en vista de la respuesta que ha tenido desde el primer momento esta obra, yo les animaría a que fueran, lo van a pasar francamente bien. Hemos conseguido a todos los niveles una puesta en escena y un reparto muy redondo. Y van a pasar un rato muy agradable. No se van a arrepentir en absoluto, van a ver una comedia donde el trabajo del director ha sido fantástico, lo ha impregnado todo de Woody Allen y hacemos una comedia prácticamente basada en Pygmalion, con personajes muy entrañables. No es una propuesta por descubrir, sabemos que sí, que la cosa funciona.

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