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Asalto al Cerro del Espino: Crónica de un sueño en una mañana de mayo

Inolvidable, histórico, tremendo, sabrosísimo, esperanzador, redondo, emocionante… Escriban ustedes el adjetivo que gusten para transmitir lo vivido en la mañana de este 22 de mayo en el Cerro del Espino. Claro está, todo ello puesto en boca de cualquier aficionado encajero presente en el campo, cualquiera de los más de medio millar que llenaban un lateral del estadio, el del sol. Pero daba igual sol o sombra, frío o calor. Los de Darío se encargaron de poner tono y color a una preciosa mañana de mayo en la capital de España.

foto victoria almagro al atletico madrid b (Copiar)
Foto de Manuel García Ureña

Va a resultar que Bernabé, el portero rojiblanco, llevaba razón cuando decía días atrás que el Almagro era favorito en la eliminatoria. Al leerlo reconozco que sonreí, y creo que él, al decirlo, probablemente también sonreía por dentro. Pero esta mañana esa risa se acabó, la suya quiero decir, porque la nuestra sigue (la mía digo), y con motivos.

Los motivos los dio el Almagro sobre el césped (altito) del Cerro del Espino. Porque jugó de tú a tú a un Atleti poco ambicioso pero con mucha calidad en su plantilla, porque manejó el partido antes y después de los goles, y porque demostró ser capaz de adaptarse prácticamente a todo. Apostó Darío por Pedro y Gascón por delante de los centrales con Santana en la derecha y Juanlu en la izquierda, dejando a Chendo y Ureña bastante libertad para ayudar y romper a partes iguales. Y la jugada salió a la perfección ya en una primera parte de mucho medio campismo.

El Almagro tenía claro que quería que Bernabé la sorteara siempre, y así sucedió. Después había que pelearla en los medios, pero en esa parcela el Almagro estuvo inmenso. Bueno, a decir verdad estuvo inmenso en casi todo. Pasaban los minutos sin ocasiones claras para ninguno, pero el único que finalizaba sus llegadas era el Almagro, aunque con disparos desviados, todo hay que decirlo.

Si había que jugar directo, se jugaba, y sobre todo si había que cortar la salida del Atleti, se cortaba. La premisa estaba clara: prohibido dejar superioridad de los colchoneros a partir de medio campo. Los rechaces se convirtieron en una apreciado botín, y en una de estas Juanlu puso la directa por la izquierda (autopase incluido) para terminar con un pase a Ureña que hubiese sido letal. Adivinó la intención Benjamín y alejó el peligro.

La más clara del primer acto fue para Zaca, el más peligroso de los atléticos junto a Arona en la primera parte. Cuando se asociaban por la derecha se olía el peligro, aunque la ocasión llegó en la única contra que permitió el Almagro. Era el minuto 38, pero Astillero aguantó y salvó de pies y manos a los suyos.

Decía la estadística que el Atleti marcaba sobre todo al final de las partes, y fue en los últimos cinco minutos cuando apretó para intentar llevarse la ventaja al vestuario. El cansancio se notaba en las piernas de los encajeros, que deseaban el descanso como agua de mayo (nunca mejor dicho). Aguantar era clave, y aguantaron, ya lo creo que aguantaron.

La película de la segunda mitad fue otra. Parecía que el Atleti subía un pelín sus líneas buscando el error de los almagreños. Sin embargo encontraron serenidad, control de balón y sangre fría en los de Darío, que avisaron por medio de Ureña en un disparo alto desde la frontal. Se veía muy cómodo al equipo rojillo, hoy de negro. El Atleti no era capaz de meterle mano, y Juanlu daba toques de atención desde la izquierda buscando verticalidad a la mínima oportunidad. Tan es así que en el 66 un centro perfecto al segundo palo se convirtió en el primer histórico gol del Almagro en Majadahonda. Santana esperaba detrás del lateral izquierdo, y con un salto enorme y en su justo momento, se adelantó a su par metiendo la cabeza con fuerza para poner la pelota junto al palo, imposible para Bernabé. La celebración en la grada y en el campo fue apoteósica.

Víctor Alfonso reaccionó poniendo sobre el campo más chicha, más mordiente, y cómo no, a su mejor hombre. Sus motivos tendría para dejarlo en el banco de inicio, pero lo cierto es que este Amath, su máximo goleador, dio mucha mucha guerra. Unas veces arrancando desde la banda, otras veces entre líneas enganchando… El caso es que generó peligro, él sí.

Pero en un saque de banda (otra vez en un saque de banda), el Almagro pegó un golpazo encima de la mesa en el 66. De la Hoz la puso, importantísimo Chendo tocándola para prolongar y provocando un rechace que quedó a los pies de Santana. Y otra vez Santana, el héroe del Almagro en el Cerro del Espino, aprovechó el regalo para hacer el doblete más importante de su vida.

El mazazo para el Atleti fue tremendo. El Almagro supo jugar de lujo con esta ventaja, como tiene que ser, utilizando todas sus armas. Preocuparon las salidas del campo de Carlos García y Ureña con problemas musculares aparentes que quedaron en simples sobrecargas, por fortuna. Y el Atleti que seguía sin poder pegar el zarpazo deseado. Se veía cierta impotencia en los rojiblancos, en el campo y en el banquillo, con un Víctor Alfonso decepcionado sentado en su butaca, sin apenas hacer indicaciones.

El contraste era tremendo, con Darío sin parar pocos metros más allá. Y en las gradas tres cuartos de lo mismo, con un lateral botando, gritando y animando, y el resto del campo callado. Algunos decidieron marcharse ya en el ochenta y pico.

Pasó el tiempo, Astillero y la defensa salvaron el peligro en cada ocasión, y los minutos pasaron para terminar con un pitido final que sonó a música de Mozart para la parroquia rojilla.

Que nadie olvide que el Atleti únicamente había perdido un partido en su campo. Con el de hoy ya son dos. Pero que nadie olvide que es un equipazo, y que aunque el paso dado es gigantesco, hay que jugar la vuelta en el Manuel Trujillo, donde se espera la mayor entrada de su historia el próximo domingo.

Los menos pesimistas tras el sorteo del lunes llevaban razón, y Bernabé también. El Almagro se ha ganado a pulso y con mucho trabajo ser favorito frente al Atlético de Madrid B, algo que parece sacado de un cuento, de una novela.

Por cierto, se me acaba de ocurrir el adjetivo que mejor cuadra con lo vivido en Madrid. Ha sido simple y llanamente bonito, muy bonito.