SOCIEDAD

Alfonso García Rabadán: “En toda profesión y en la abogacía más, la seriedad y formalidad antes o después salen a flote”

Alfonso García Rabadán es un abogado valdepeñero que lleva años ejerciendo su profesión en bufete propio y en despachos importantes de Madrid y Málaga. Comenzó desde abajo, siendo pasante,  hoy conoce y ha ejercido en todas las ramas de la abogacía. Actualmente, por temas personales, se ha vuelto a instalar en Valdepeñas con el “Gabinete Jurídico-Abogado Alfonso García Rabadán Gascón”. Con él hemos hablado sobre su profesión y su experiencia.

Alfonso García Rabadán (Copiar)

¿Cuándo empiezas a ser abogado?

Como abogado colegiado comencé en 2002, antes hice de pasante pero me di cuenta que no estaba preparado para ejercer. En ese año, me marché a Madrid e hice un Máster en Práctica Jurídica. A partir de ahí trabajé en un despacho en la capital hasta 2005.

Descubrí que no me gustaba trabajar por cuenta ajena y me vine a Valdepeñas a montar mi despacho, vi cosas que no me gustaron, mucho compadreo,  de casualidad me ofertaron trabajo en un despacho en Málaga y allí he estado seis años. Ahora por motivos personales he vuelto y abro mi Gabinete Jurídico.

¿Por qué se ha denostado la imagen del abogado?

Por falta de ética profesional, competencia desleal, entre otros. Ser abogado es una profesión seria, en la que tienes que defender los intereses de tu cliente, sean cuales sean, y debes hacerlo de forma seria y honrada. En esto la profesión, en algunos casos, deja mucho que desear. Por fortuna sigue habiendo grandes profesionales y estupendos compañeros.

Quizás también porque hay gente que piensa que el abogado te va a sacar el dinero y no va a hacer nada. Es cierto, que se dan casos de abusos en este sentido, que hay gente sin escrúpulos, pero también he visto lo contrario, gente ha hecho bien su trabajo y luego no ha cobrado.

De todos modos, yo siempre digo lo mismo cuando vas al dentista llevas dinero, cuando vas a comprar un pantalón o a echar gasolina también ¿Por qué no cuando vas a un abogado? El abogado está para defenderte y eso lleva su trabajo, la gente piensa que revisar un documento, por poner un ejemplo, que pueden ser diez minutos y no entienden que se les cobre ese trabajo, pero  la realidad es que ha habido un trabajo una formación previa y una experiencia que hacen que ese trabajo se pueda llevar acabo, y eso hay que pagarlo. El profesional que no cobre su trabajo se está engañando a sí mismo y hace un flaco favor a la profesión.

En tu trayectoria profesional te habrá tocado defender a malos y buenos ¿Es duro defender a los malos, a sabiendas que lo son?

He defendido a buenos y malos, pero soy de los que piensan que si no eres capaz de defender al malo, cámbiate de profesión. Es cierto que hay gente ha obrado mal, que se ha equivocado en la vida, pero también tiene derecho a que lo defiendan. La constitución lo garantiza.

Evidentemente, defender a un malo no es lo mismo, pero tienes que apartar tu conciencia, separar el tema profesional del personal e intentar buscarle la defensa más digna y hacerlo. No puedes decirle a una persona que por ser el malo no lo vas a defender o lo vas a hacer fatal, eso no es profesional. Si es así, por ejemplo, no seas abogado criminalista.

¿Qué ramas del derecho te gustan más?

El derecho Penal y del Civil las Obligaciones y Contratos. En mi época en Málaga me he dedicado mucho al derecho Laboral. Pero he tocado todas las ramas, menos el derecho fiscal que solo lo he tratado de forma puntual.

¿Qué les ofreces a tus clientes?

Pues seriedad y profesionalidad. No acepto casos en los que hay que vender humo, eso no lo hago, no le digo al cliente lo que quiere oír, aun a riesgo de perderlo. Ofrezco una atención constante a mi cliente, de hecho mi teléfono está abierto las 24 horas del día.

En toda profesión y en la abogacía más, creo que la seriedad y formalidad antes o después salen a flote. Habiendo tenido una experiencia en plazas tan importantes como Madrid o Málaga, en despachos reconocidos, eso te va curtiendo y todo ello lo pongo al servicio del cliente.

Imagino que en tu trayectoria profesional habrás vivido casos de todo tipo ¿Cuéntanos alguna anécdota o algún caso que te haya impactado?

Me impactó mucho un caso en el que los padres fingieron un parto en un país extranjero, estando de vacaciones, para poderse traer a un bebé como si fuera hijo natural. Al cabo de los años, cuando se  estaban divorciando y el niño ya tenía 14 años, el padre decía que no era suyo para ahorrarse la manutención. La miseria humana a veces no tiene límites. Afortunadamente, en aquella ocasión se hizo justicia.

Cuando defiendes a alguien y enfrente tienes a un abogado que sabes que “hace trampas o que es un sinvergüenza”, por  decirlo de alguna manera ¿Qué piensas?

Pienso que por esas ovejas negras pagamos todos.  Es lo que hablábamos antes de la ética profesional. Los casos se ganan y se pierden pero el trabajo hay que hacerlo con lealtad a tu cliente y también al compañero contrario, por eso no eres peor abogado, sino todo lo contrario. El que juega sucio en su profesión seguramente también es así en la vida personal, son formas de ser, personas tóxicas.

Hemos hablado de la profesión de abogado y como se ha denostado, pero también la Justicia ¿Cuáles crees que son los motivos por los que la gente confía cada vez menos?

Son evidentes. Se dictan sentencias que no hay por dónde cogerlas, a ello hay que sumarle el retraso monumental en la tramitación de los expedientes y, además, en estos últimos tiempos la separación de poderes es una ficción, la justicia está inmiscuida en la política y a la inversa. Eso, el justiciable lo nota y pierde la confianza en la justicia, con toda razón.  En todos estos años he visto muchos profesionales de la justicia que no están dotados de la imparcialidad y objetividad que se les supone, y eso contamina el sistema.

¿Qué consejo darías a los abogados que empiezan?

Que nunca pierdan la ilusión con la que se empieza, que trabajen duro, porque no hay otra forma, y que sean siempre honestos con los clientes, y fieles a sí mismos.