SOCIEDAD

José Rodríguez: “En mi época el trabajo en el campo era muy duro, hoy me siento satisfecho de ver la gran transformación que se ha producido”

José Rodríguez Prieto, es un agricultor jubilado de Valdepeñas, tiene 83 años y un buen día decidió comenzar a escribir sobre la agricultura de su época en la que se trabajaba con mulas, carros, en quinterías, con aperos para trabajar la tierra de forma manual y que hoy cuelgan de adorno en muchas casas.  Ha escrito 50 relatos que su sobrino, Ángel García Rodríguez, ha publicado en el Semanario Jaraíz durante mucho tiempo y que recopila en un libro titulado “Mi tío Pepe, el labrador”.

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Pepe en su casa durante la entrevista

Un libro que será presentado el jueves 25 de agosto, a las 21:00 horas, en la Bodega de El Trascacho y que es un tributo a los agricultores valdepeñeros de hace medio siglo. En advaldepeñas, hemos entrevistado al “tío Pepe”.

¿Cómo era la agricultura de aquella época?

Era muy sacrificada, no como la de ahora que los agricultores se montan en su maravilloso tractor con calefacción y aire acondicionado. Antes íbamos con las mulas, todo el día andando detrás de ellas y aquello era muy trabajoso. Íbamos de quintería a la finca, a 8-9 kilómetros de Valdepeñas, había que estar allí para dormir por no venir con los animales al pueblo después de estar todo el día trabajando, tenían que descansar los animales y también los gañanes. La agricultura de otras veces no se puede comparar con la de ahora para nada, antes había mucha gente trabajando en el campo y ahora con 3 o 4 y el tractor está solucionado. 

¿Por qué escribe estas historias que hoy son un libro?

Me gusta leer y me gusta escribir y hace 4 o 5 años comencé a escribir historias de aquella época y del trabajo en el campo. Un buen día vino Ángel a casa y las leyó, le gustaron y comenzó a sacarlas en Jaraíz, y así durante 4 años.

Así empecé a escribir sobre este tema hasta completar 50 relatos, ya he parado porque escribí mucho dándole una vuelta grande a la agricultura.

Un libro donde también se van a encontrar palabras que se utilizaban entonces en la agricultura y que hoy mucha gente no sabe lo que significan, por ejemplo, ubio, toza, arao romano… un amplio vocabulario al que nunca se le ha dado la importancia que tiene, palabras dificilísimas como las diez o doce piezas que componían el arao romano: orejeros, pespuño, la esteba, el timón, el estiraperros (una cadena que va desde el arao romano a la mula) que se decía en Valdepeñas, en otras poblaciones se llamará de otra forma. Luego están los carros, que también tiene sus nombres: de vara, de lanza, galera, tartana y más.

Los carros de vara eran carros pequeños con una mula, los de lanza y la galera, que eran más fuertes, se usaban para la recogida de la cosecha y llevaban dos mulas enganchadas. Y eso era la agricultura de entonces.

¿Cómo era el día a día en el campo en aquella época?

Pues íbamos de quintería, donde estamos varios días en la finca. Por la noche desenganchábamos las mulas, se les daba agua, se les daba de comer en la cuadra, cenábamos nosotros, nos acostábamos y nos levantábamos varias veces en la noche para alimentarlas. Al día siguiente, a faenar, primero limpiábamos las mulas con una almohaza (una especie de cepillo con pinchos muy suaves, para quitarles el sudor), les dábamos agua, almorzábamos y nos íbamos al tajo, a mover tierra y a trabajar, al mediodía nos íbamos a la casa, dábamos agua y de comer a las mulas y sacábamos la barja (cajón de madera donde guardábamos el hato) con nuestra comida, después otra vez a trabajar hasta que ya no se veía, cuando oscurecía utilizábamos los candiles de aceite.

Cuando ya volvías de la quintería teníamos que traer al pueblo el arao, descalzarlo, echabas todas las herramientas en el carro y volvías al pueblo.

Se trabajaba de lunes a domingo, se suponía que este día tenías descanso, pero por la mañana tenías que preparar todo para ir al día siguiente a la quintería. Solo descansabas el domingo por la tarde, algunos hombres se iban esa tarde a jugar al truque y las mujeres se quedaban en sus casas lavando los peales, las mantas, las entremantas de las mulas. Las mujeres también trabajaban mucho en esa época.

Cómo ha cambiado la vida desde entonces ¿verdad?

Era una vida muy sacrificada. Hoy en cambio, por la mecanización es más fácil. Hoy en día cualquier agricultor tiene un tractor que vale mucho dinero y facilita el trabajo en el campo.

¿Y las mulas?

La mula era un animal indispensable en el campo, fíjate si era importante que había cuadrillas de esquilaores y todos los domingos iban de cercao en cercao para esquilar los animales, eran los peluqueros de los animales. Mulas había muchas, hay quien tenía dos, cuatro, y ya los agricultores con dinero tenían hasta diez o doce pares de mulas.

¿Por qué se trabajaba en el campo desde edad tan temprana, siendo niños?

Cuando teníamos 12 o 13 años nos creíamos hombres, quizás por la educación que nos daban nuestros padres, y con esa edad algunos ya trabajaban en el campo. Recuerdo que con 15 o 16 años yo iba solo de quintería y lo hacía todo, incluso recuerdo que cuando había tormenta me metía en la casa, me acostaba en el poyo (banco de piedra) y me arropaba entero con la manta, era un niño y tenía miedo. En el campo en aquella época había guardas de viñas y a mí me daba seguridad, era una compañía.

Los niños trabajan en el campo porque había mucha necesidad y los padres deseaban que tuvieran  11 o 12 años y se colocaran donde fuera para aportar un dinero a la casa y poder comer. Incluso trabajaban recogiendo sarmientos para hacer gavillas. Pero no solo en el campo, también en otros oficios como el de carpintero, herrero. Hoy en día eso no se puede hacer, por suerte. La vida del campo era muy dura entonces. Pero no era nada nuevo, venía de generaciones de atrás.

Pero no solo los niños, la mujer también trabajaba en el campo, Iban a las recolecciones, cogían uva, aceituna, segaban, espigaban.

¿Usted ha conocido la transformación tan grande que se ha producido en este sector?

Para mí es un privilegio haber conocido esa transformación de vida. Antes después de comer segabas y si querías echarte un poco la siesta la única sombra que había era la de tu sombrero. Te estoy hablando de estar a 30-40 grados, por eso cuando alguien dice que calor hace este año, yo digo que no, que siempre hace el mismo calor todos los años.

¿Y cómo se hablaba entonces?, porque no había tanta cultura

Se hablaba muy mal, los hombres del campo tenían muy mal vocabulario, rodaba todo, se blasfemaba, no había cultura, algunas personas eran muy rudas. Hoy en cambio todo eso ha cambiado, el agricultor tiene una cultura.

¿Qué se comía entonces en el campo?

Pues los mojes, potajes, patatas fritas que se hacían en la lumbre, salsas que se hacían friendo el tocino y con migas de pan, pimiento, tomate y huevo estrellado,  aquello estaba de muerte.

¿Qué le queda de todo eso?

Pues que tengo 83 años, en mi época el campo era muy duro y hoy me siento satisfecho de ver lo que vi y lo que veo ahora, una gran transformación. Fíjate a pesar de la dureza del trabajo la gente cantaba e iba con alegría a trabajar. El campo de entonces tiene mucho de qué hablar, mucho vocabulario. Por ejemplo, cuando hacías San Borce, que eran días de lluvia y no podías trabajar, algo muy relativo porque muchos amos decían que te metieras en la cueva a sacar tierra para hacer pozos.

Cuándo Ángel le dice que va a escribir un libro con sus relatos ¿Qué pensó?

Pues cuando me dijo que iba a hacer un libro no me lo creía y ahora que lo veo ya terminado es un orgullo. Además lo que se recaude con la venta irá para una causa solidaria de la Orden Trinitaria, que ayuda a los más pobres de Latinoamérica.

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Hemos conocido a José Rodríguez Prieto "el tío Pepe" protagonista, por sus relatos, del libro que el jueves se presenta en la Bodega de El Trascacho, escrito por su sobrino Ángel García. 

Un hombre de 83 años, con una lucidez que impresiona, saludable y con mucho sentido del humor. Entrevistarle ha sido una experiencia y todo un honor, porque me ha devuelto al pasado, a aquellas historias que de pequeña me contaba mi abuelo. Gracias Pepe por ser la memoria viva de una historia y de una época que gracias a hombres como usted, conoceran las generaciones venideras.