El año que se ha ido, no sé si calificarlo de anodino o de decepcionante. Creo tristemente que ha sido una mezcla de ambas cosas. Es una prueba más de la crisis política que padecemos.
 

El año que se ha ido, no sé si calificarlo de anodino o de decepcionante. Creo tristemente que ha sido una mezcla de ambas cosas. Es una prueba más de la crisis política que padecemos. Después de un año, anodino y decepcionante, han llegado los discursos de los líderes haciendo balance del año que acaba, y como no podía ser de otra manera, los discursos han ido por la misma línea. Discursos vacíos de contenido, vacíos de convicciones, y lo que es peor, discursos vacíos de propuestas que respondan a las inquietudes de los ciudadanos. Los líderes se han limitado a presentar su autocomplacencia: ¡Qué buenos somos y qué malos son los demás!

Oigo el discurso de Rajoy. No decepciona porque ya nos tiene acostumbrados a, no decir nada, y, a presentar un panorama que se parece a la realidad lo que un higo a una castaña. Ahora se acuerda de que hay que dialogar; ahora se acuerda de que todos tenemos que trabajar juntos con “mucho sentido común”. Pero ni una palabra referida a los problemas de desigualdad, de pobreza, de precariedad, de corrupción, de déficit, de deuda, de recortes, de rescates. De eso nada.

Oigo al presidente de la Generalitat. Todo sobre soberanismo, independencia, referéndum... Comete la provocación de aparecer con la bandera catalana, y sin la bandera de España. No sé el calificativo jurídico, ni me importa; es simplemente una provocación cutre, de mal gusto y mala educación: ¡Ah! pero ni una palabra de los problemas económicos y sociales que padece Cataluña. Eso se lo pasa por el forro.

No he oído el discurso del líder de Podemos, Pablo Iglesias. No sé si sus ambiciones y luchas internas, -que no son distintas a las de los de la caspa-, le han dejado tiempo para hacer balance del año. Me gustaría saber donde ha quedado el 15-M, donde han quedado las inquietudes de acabar con las viejas políticas.

Y oigo el discurso de Susana Díaz, sin hablar una palabra de los problemas de los andaluces, -que no son pocos-, ni de los problemas de España, ni de los problemas del PSOE. La presidenta de Andalucía ni siquiera ha llegado a la complacencia. Solo rezuma estrategia con vistas a su futuro personal. ¿Eso es lo que nos espera para 2017? Esperemos que no; esperemos algo distinto a este balance.