La desafección que padece la mayoría de los ciudadanos hacia los políticos está más que justificada. No tiene una única causa; son muy variadas, pero muy bien concatenadas. Es difícil aplicar la medicina adecuada, pero no imposible. Ha llegado el momento de iniciar ese camino con voluntad decidida. La sociedad lo necesita y lo exige: “La recuperación de la confianza en la política”. Se hace más necesario que nunca acometer la tarea. Para ello es imprescindible saber dónde está el origen.

Pedro Sánchez lo explica muy bien en su libro “Manual de resistencia”. Pero no basta con conocerlo; hay que saber el recorrido para lograrlo, y desplegar una fortísima voluntad política, que la mayoría de líderes ni tiene ni quiere. Pedro Sánchez lo sabe porque lo tiene escrito. Pero, ¿tendrá los arrestos suficientes para llevarlo a cabo? En otras facetas los ha tenido; espero que en esto también. Hace falta, más que nunca un liderazgo que supere los límites del partido y las fronteras de España. Un liderazgo capaz de recuperar la confianza de los representados. El líder que lo consiga habrá ganado el futuro del siglo XXI marcando un antes y un después.

El ciudadano no se siente representado en la persona de sus líderes. Empezó a perder esa confianza con la globalización. El ciudadano viene percibiendo que las decisiones políticas que le solucionen sus problemas no las toma el líder que ellos han votado; las soluciones vienen de otras galaxias muy lejanas. O lo que es lo mismo: las soluciones no llegan. El ciudadano percibe que los poderes financieros, mandan en la política; vamos: que los políticos son “unos mandaos”. Los políticos, -más los de derechas que los de izquierdas-, están absolutamente sometidos.

Está muy bien, que el dinero lo maneje, el que lo tiene, el que lo ha ganado. Es una dinámica que aceptamos. Es un juego, y como todo juego debe tener, sus reglas. Reglas que debe establecer, que debe vigilar el poder político; el poder que ostenta el representante elegido por los ciudadanos. Y no al revés. El dinero lo tiene y lo maneja el poder financiero, bajo el arbitraje del poder político. Y cuando el poder político se ha sometido al capital, el dinero queda solo en manos de una minoría. Se ha invertido el orden. Se ha corrompido el sistema. El ciudadano ha dejado de confiar en sus líderes. Hay una tremenda crisis de representación.