Quiero hacerle a Pedro Sánchez, como nuevo secretario general del PSOE, dos peticiones, una referida al funcionamiento del partido, y otra referida a la política nacional. 

Quiero hacerle a Pedro Sánchez, como nuevo secretario general del PSOE, dos peticiones, una referida al funcionamiento del partido, y otra referida a la política nacional. Ambas encaminadas a relanzar al PSOE hacia los votantes que son y que fueron. Es una carta abierta, pero me gustaría que alguien se la haga llegar a sus manos. Es la hora de analizar el pasado para lanzarse al futuro, no para recrearse en él y buscar justificaciones; es la hora de que todos aportemos nuestro granito de arena. Aprovechemos este punto de inflexión para hacerlo ilusión y fuerza.

Pedro: Creo honestamente que a estas alturas nadie puede negar que el claro posicionamiento de barones y notables hacia un determinado candidato a las primarias ha sido un error, para el partido y para los propios posicionados. He dicho siempre, y lo tengo escrito, que todas aquellas personas, que por una razón u otra, ejercen influencia en la posible decisión de los militantes no deben posicionarse; deben mantenerse al margen, por razones de elegancia, y por razones de interés. Las personas notables deben salvaguardar intacta “el ser referencia de todos”.

Por ello me atrevo a proponerte que se estudie la propuesta de incluir en los estatutos, que los cargos presentes, y los que lo hayan ostentado en el pasado, se abstengan de posicionarse a favor de un candidato. Aclaro; “solo en el caso de elecciones internas”. Yo lo considero una exigencia si queremos un partido nuevo.

La otra propuesta que te hago, en el ámbito de política nacional, es que el PSOE debe presentar una proposición de ley, en las Cortes, mañana mismo, por la que cualquier juez, fiscal o magistrado, esté obligado a apartarse del caso siempre que exista la más mínima relación partidista con el asunto a juzgar.

Es intolerable, indecente, perjudica enormemente al prestigio de quienes trabajan diariamente en la Justicia, la injerencia, -real o aparente-, que se está produciendo. No valen proposiciones no de ley, ni reprobaciones. El Partido Popular ha dado muestras de reírse de las reprobaciones. Se están cargando la confianza y el prestigio de la Justicia. La Justicia es de todos, y tenemos que defender su independencia; no puede estar al servicio de unos pocos.