Podría hablar de aquello de que debía gobernar la lista más votada; podría hablar de aquello de que era ilegítimo formar gobiernos en los despachos mediante pactos de perdedores; podría hablar de agarrarse al sillón a cualquier precio, aunque fuera en connivencia con sectores poco deseables; podría hablar del discurso populista y falaz de Pablo Casado en la noche de las elecciones; podría hablar de las explicaciones que van a dar PP y Ciudadanos en sus respectivas formaciones europeas si pactan con la extrema derecha; podría hablar del anticatalanismo como irresponsable estrategia; pero no lo voy a hacer ahora. Lo haré en los próximos días.

El inesperado, -para algunos-, descalabro de la izquierda en Andalucía ha sido un fenómeno político y social de enorme magnitud, en las causas, en los resultados, y en las consecuencias. Este descalabro puede que tenga una larga historia, con responsabilidades propias y ajenas. Lo más honesto es empezar por las propias.

El affaire conocido como “susanismo” ha supuesto, una sucesión de despropósitos que han contribuido, y de qué manera, a desprestigiar al partido; a desconectarlo de militantes y votantes. Puso encima de la mesa una de las dolencias más endémicas del PSOE en los últimos tiempos: las luchas cainitas en el interior del partido, llevadas a cabo por irresponsables. Ese Sambenito, no dejará de pesar sobre Susana Díaz en lo que le quede de vida política. Es la primera mancha que hay que limpiar. Y la única forma de limpiarla es salir a la palestra, reconocerlo, pedir perdón, -ella y todos los que la apoyaron-, y entonces a empezar con todo lo demás.

Será entonces, a partir de esa nueva situación, con ella al frente, o con otra persona nueva, -mejor una nueva-, cuando se estará en condiciones de afrontar las demás aristas de este enorme poliedro que han supuesto las elecciones en Andalucía. Hay que hacer muy visible un partido socialista que sabe analizar, sabe reconocer, sabe corregir, sabe desmontar falacias externas, sabe poner soluciones a las graves necesidades de los españoles. Así el PSOE empezará a mostrar limpieza, cercanía y eficacia. Poniendo fin al susanismo, recuperará, en buena parte, los votos perdidos. Otra cosa es que queramos seguir engañándonos.