He tenido la tentación de analizar el affaire social y político creado con motivo de la muerte de Rita Barberá. Pero no. Esta tan caliente y tan encabronado, como viene siendo demasiado frecuente en nuestro país, que es mejor aplazar este análisis. Hoy solo declarar el sincero pesar por su fallecimiento. Nada más. Y hecho este obligado preámbulo, entro al tema que tenía pensado con anterioridad.

He tenido la tentación de analizar el affaire social y político creado con motivo de la muerte de Rita Barberá. Pero no. Esta tan caliente y tan encabronado, como viene siendo demasiado frecuente en nuestro país, que es mejor aplazar este análisis. Hoy solo declarar el sincero pesar por su fallecimiento. Nada más. Y hecho este obligado preámbulo, entro al tema que tenía pensado con anterioridad.

Ese recurso interesado de que “todos son iguales”, es afortunadamente falso. Existen defectos y virtudes, pero siempre acompañados de aspectos diferenciados, que definen las posiciones ideológicas, y de actitud, de cada grupo social y político. Creo que hay una buena parte de la sociedad, entre los que me cuento, que ven en el Partido Popular, quien nos ha traído la desigualdad y la corrupción, entre otras cosas menos definitorias. Y que el PSOE con sus defectos, con sus luces y sombras, se ha distinguido por introducir en la vida de los españoles las mejoras más progresistas y avanzadas de nuestra historia. Algunos no lo verán así. Mi respeto total a quienes discrepen, pero esa es mi posición, y creo, que de una buena mayoría.

Pero dicho esto, ya va siendo hora de abandonar ese discurso, porque no conduce a nada constructivo. Al revés. Conduce a la radicalización de las posturas de cada cual. Por mucha razón que tengamos los que defendemos esa posición, hay que reconocer que con eso no se arreglan los problemas que acucian a la sociedad española actual. Eso no es lo que exigen las capas sociales que, en mayor y menor medida, han aguantado el peso de la crisis.

Quienes tenemos aún la confianza de que el PSOE es el partido, que una vez más, está llamado a poner sobre el tapete las soluciones para dar la vuelta al entramado social, ético y político que nos invade, tenemos la obligación de fijarnos en las causas de porqué el PSOE, hoy, no está en condiciones de hacer frente a ese panorama. Un partido descabezado, sin más dirección que una gestora de parte, propiciada por los vencedores del descabezamiento, no tiene la fuerza, ni política ni moral, que se requiere. Dejemos, de momento lo mucho y bueno del pasado, y abordemos la realidad, reconociendo los errores y poniendo soluciones. Seguiremos.