Me acordé que estaría en televisión la entrega de los Premios Princesa de Asturias. Es un acto que siempre me gustó porque me cae muy bien, me levantan el ánimo las gaitas con el “Asturias patria querida” Sí. Siempre me ha gustado. Es un acto que tiene un algo distinto a otros actos; tiene un algo que me emociona, que me saca de la rutina; una rutina a veces cansina, a veces rayando lo insoportable. Y fui a verlo.

Aparté lo que estaba escribiendo para abandonar, por un momento el territorio social y político que nos envuelve, para sustituirlo por “otra cosa”. Sustituirlo por algo absolutamente diferente; por algo que nos muestra otra realidad. Estamos enfrascados, a veces sin quererlo, en un mundo tenebroso, lleno de telarañas, lleno de oscuridades, de indignidades, de infamias; no hablamos de otra cosa que de aquello que nos quieren vender los políticos. No escuchamos con la atención y la frecuencia que deberíamos que hay personas que se dedican, que han dedicado su vida a entregarse a los demás, pera mejorar el mundo.

Es como un paréntesis, de lo que vemos y oímos a diario. Como si no hubiera otro mundo que el de aquellos que organizan tramas para llenarse los bolsillos; como los que solo piensan en quitar a juan para poner a pepe; como los que se olvidan de la anticaspa cuando llegan al poder; como los que son capaces de pactar con dios y con el diablo; como los que nos mienten para sacar el cuello de tanta podredumbre; y como los que no quieren saber de otra cosa más que del cotilleo. Hagamos un paréntesis para ver otro mundo que afortunadamente existe.

Hay quien se ha dedicado a representar los deseos y los sueños en el escenario; hay quien ha arriesgado su vida para que conozcamos el horror de las guerras; hay quien está todos los días enseñando que “no pensar en la historia nos empobrece”; hay quien no ha dejado de trabajar para mejorar a los discapacitados; hay quien ha superado enfermedades con la fuerza del deporte; hay quien ha rescatado los valores del mundo a través de la literatura; hay quienes se entregan a los niños que sufren dolor; y hay quienes nos han demostrado que con empeño, se puede mejorar el espacio en que vivimos, y vivirán nuestros hijos. ¡Felicidades a ese otro mundo!

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