No sé quién decía que la derecha siempre iba de la mano con la derecha, y la izquierda en contra de la izquierda. ¡Qué razón tenía! Sí. La derecha, en España y en Europa, ha perdido su esencia ideológica y ha decidido, -sus líderes- compincharse con el poder financiero para ponerse a su servicio.

No sé quién decía que la derecha siempre iba de la mano con la derecha, y la izquierda en contra de la izquierda. ¡Qué razón tenía! Sí. La derecha, en España y en Europa, ha perdido su esencia ideológica y ha decidido, -sus líderes- compincharse con el poder financiero para ponerse a su servicio. Vemos a directores de bancos que han falseado cuentas pasarse a dirigir el BCE, presidentes de paraísos fiscales a presidir el gobierno europeo, directores generales de bancos norteamericanos en quiebra, a ministros de economía. Políticos que obedecen a los intereses financieros ordenando recortes que dañan, y mucho, a las clases medias y trabajadoras.

Eso, si no se detiene desembocará tarde o temprano en una crisis política de dimensiones impredecibles. Eso no tiene otra salida que explotar. Tardará más, porque la derecha siempre va de la mano de la derecha. Por instinto de supervivencia siguen apoyando esas políticas para defenderse de sus adversarios. Por eso tardará más, pero llegará el día en que explote. No se aguanta.

¿Y la izquierda? Siempre contra la izquierda. En lugar de unirse para servir de contrapeso a esas políticas, se dedican a dividirse mediante luchas cainitas. Lo estamos viendo en Europa y en España. La izquierda europea está absolutamente perdida, difuminada, no existe, es irrelevante. ¿Y en España?

Más de lo mismo. Quizá peor. La izquierda catalana y vasca, enfrascada en su idílica independencia, importándole un pimiento la pérdida de derechos sociales. Podemos, pensando más en ningunear al PSOE para hacerse con su espacio electoral, que en ser fieles a su objetivo de acabar con las injusticias, las desigualdades, la pobreza, la corrupción. Y por si esto fuera poco, el PSOE luchando contra el PSOE. No entro en quién tiene razón, si los oficialistas o los críticos. Pero me pregunto: ¿no hubiese sido mejor exponer con claridad, y mucha pedagogía, las posiciones de cada uno; debatirlas, votarlas y a continuación defender todos las resoluciones aprobadas. ¿Hacía falta esta maniobra? No. Han optado por las puñaladas traperas y los espectáculos chusqueros. ¡Qué pena! ¿Y todavía algunos pensarán que han vencido? ¡Más pena todavía! ¡Así no vence nadie!