Hartos de la corrupción y la mentira; cansados de discursos zafios; cabreados por la desigualdad, la pobreza y la precariedad; desencantados por ver a políticos que no hacen política, que solo piensan en su beneficio…; surge la figura de un líder, que parecía desaparecido, dando un puñetazo en la mesa y diciendo: “basta ya”. Pedro Sánchez comparece, el 25 de mayo, ante esa ciudadanía harta, para decirle que ha tomado la determinación de recuperar la dignidad de la política, de retomar la agenda social, y devolver la palabra a los ciudadanos.

Eso se llama política con mayúsculas. Esa política que tanto estábamos echando de menos. Es un intento serio, decidido, de superar la grave crisis política que algunos disimulan vencer con cataplasmas, estrategias y tupidos velos. Por eso ha dejado descolocados a unos y muy enfadados a otros; porque no se lo esperaban. Porque no se esperaban una iniciativa política de esta envergadura. Hacía mucha falta que la política entrara en escena, para ejercer el papel de protagonista.

Pedro Sánchez, con este golpe, ha logrado lo que algunos veníamos demandando: Ha salido por fin del escondite a cumplir su promesa de echar a Rajoy del gobierno, y se ha erigido como alternativa, como líder de la izquierda. Es una decisión valiente y arriesgada. No va a ser fácil. Le espera un acoso bestial como siempre ha hecho el PP. Es muy fácil acordarse de la campaña de Aznar del 93 al 96, o la que puso en marcha Rajoy cuando gobernaba Zapatero, o la que ya han iniciado ahora. Eso es lo que le espera a Pedro Sánchez. Pero, “No desfallezcas, tienes de tu mano la verdad”.

Esta maniobra política magistral no te la van a perdonar nunca, ni unos ni otros. Los has dejado descolocados a todos, y has dado en la diana de lo que necesita España. Ni un paso atrás. Recobrar la dignidad y retomar la agenda social, lo primero. No se va a lograr en dos días, pero basta con ponerla en marcha para después convocar elecciones. No hay que pactar con nadie. Hay que presentar ese programa en el Congreso, dirigirse a los 350 diputados, y que se posicionen como quieran. Quizá nos llevemos una sorpresa. Gane o no la investidura, la ruta que demanda España habrá quedado sobre la mesa, habrá quedado para no irse. Eso es lo que les asusta a algunos. ¡Bienvenida sea por fin la política!