Puede que haya algún iluminado que diga: “Ya está aquí este comunista bolivariano bolchevique, amigo de Maduro” Pues.. creo que no. Creo que no tengo nada de eso. Yo me considero exclusivamente, una persona con la libertad de decir “mi verdad”. La mía. Y que puedo decirla sin miedo a que me señalen. Ya tuve que esperar a cumplir los cuarenta años para poder leer en clase a mis alumnos “Las abarcas desiertas”. Cuando se lo cuento a mis nietos, y les leo la poesía, no se lo creen. Me toman por un exagerado. Es verdad. Tienen razón. Cuesta trabajo creerlo.

Me ha venido a la memoria esta “anécdota” -que tiene nivel de categoría-, porque acabo de ver en redes sociales una caricatura: Un padre acude al profesor de su hijo para pedirle que se limite a explicarle matemáticas, y se deje de lavar el cerebro a su hijo hablándole de números irracionales, de números Pi, o de números infinitos. Sí. Ya lo sé: es una exageración, es una caricatura. Pero es que para explicar algo tan profundo, complejo e ideológico, como es lo del “Pin parental” es necesario usar la caricatura. No es broma; es algo muy serio. Es la vuelta a la predemocracia.

Es volver a los tiempos en que un padre podía denunciarte por leer en clase “Las abarcas desiertas”. Será caricatura, pero no es anécdota, es toda una categoría. Existe un sector sociológico que ha estado, está y estará ahí; ha existido escondido, arropado, protegido por el Partido Popular. Pero ahora que se ha emancipado de “la derechita cobarde”, ahora que no tiene nada que perder, ni siquiera ambición de poder, -de momento-, despliega su estrategia para decir a todo el mundo mundial: “Qué estoy aquí” “ Qué soy quien soy”. Está en proceso de crear opinión. Y lo conseguirán, -como en otros países-, si entre todos no somos capaces, de distinguirlo, de detectarlo, de evitarlo.

El problema que subyace, es que la dirección del partido que los ha estado acogiendo en su seno hasta hace un cuarto de hora, no sepa, o no quiera; no tenga la visión de desmarcase del fenómeno. Si no lo hacen terminarán engullidos, como ha terminado el partido Ciudadanos. Y lo lamentaría, aunque no comparta sus criterios. Un país moderno, en democracia, no puede funcionar sin una alternativa seria, de perfil conservador y democristiano.