Lo que ha destapado el caso Cifuentes, es que dentro de la Universidad Rey Juan Calos, un sector muy reducido, pero muy arraigado, en connivencia con el PP y su corrupción, venían organizando desde hace tiempo, redes clientelares para vender y comprar favores, mezclando lo público y lo privado. Ese es el verdadero problema y no el caso Cifuentes. El verdadero problema es que la Comunidad de Madrid ha sido un ámbito de corrupción extendida y planificada, desde el “Tamayazo”.

Ahora mismo, Cristina Cifuentes se ha convertido, por méritos propios, en el juguete del Partido Popular y de Ciudadanos. ¿Cómo? Utilizando el caso que nos ocupa, para tensar la cuerda de las próximas elecciones. A ver quien aguanta más el tirón; a ver quien, como aquellos chicos que jugaban a demostrar quién aguantaba más tiempo tumbados en la vía cuando se aproximaba un tren. Eso tiene el peligro de que el tren los arrolle, a uno de ellos, o a los dos ¿Quién va a soltar antes la cuerda?

El PP tiene un grave dilema. Si permite que se haga con el Gobierno Gabilondo, además de perder uno de sus bastiones, quedaría patente el final del chiringuito. Incluso podrían descubrirse más corruptelas de las que ya conocemos. Pero si quita a Cifuentes es sucumbir a la presión de Ciudadanos, su enemigo más inmediato en términos electorales. Por eso aguanta. Rajoy tomará “la difícil decisión” de esperar a ver si tiene la suerte de que en esas esperas surja algo que diluya el conflicto.

Pero es que el dilema de Ciudadanos no es menor. Tiene en su mano permitir que gobierne el PSOE, apoyado por un partido de “bolcheviques bolivarianos”, para disgusto de sus electores, o permitir que sigan gobernando los mismos dejando al descubierto que sus promesas de regeneración son puro teatro. Tiene que mojarse, y no les gusta. Siempre han preferido nadar en la ambigüedad.

Dilemas que reflejan el bajísimo nivel en el que algunos han situado la política. Indecentes estrategias y abandono de responsabilidades. Y todo por el miedo de que llegue al gobierno de Madrid una forma nueva de hacer política: Ángel Gabilondo.

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