MODA Y SALUD

Begoña Sánchez: "El ejercicio físico y la relajación son buenos para combatir el estrés y la ansiedad"

Vivimos en una sociedad que muchas veces exige un ritmo frenético. El trabajo, la familia, las exigencias diarias... Son agentes que acaban por estresarnos y nos generan ansiedad dando lugar a una de las enfermedades más extendidas en la actualidad. Para saber detectarlas y cómo hay que actuar sobre ellas hemos consultado con la psicóloga Begoña Sánchez, que nos ofrece información y algunos consejos en esta entrevista.

Begoña Sanchez

Estrés y ansiedad. ¿Son dos conceptos diferentes? ¿Qué los diferencia?

El término estrés  deriva del latín  stringere, que significa provocar tensión. El término se introdujo en la psicología como una respuesta global, total y automática del ser humano ante las exigencias externas e internas que no se pueden controlar, amenazando el equilibrio homeostático y originando en el individuo lo que se llama un Síndrome General de Adaptación. Se habla de un estrés positivo, llamado eustress, y un estrés negativo llamado distress. 

La ansiedad es una respuesta fisiológica del organismo ante lo que se evalúa como un peligro o amenaza. Es la respuesta que nos ha ayudado a sobrevivir durante todos estos años de evolución. Prepara al cuerpo para la lucha o la huida. Lo que sí ha cambiado en estos años de evolución son los peligros, o la valoración que hacemos de los mismos. Hemos pasado de los leones, a los jefes. 

Muchas veces ansiedad y estrés se usan como sinónimos. En ambos casos  se produce una reacción caracterizada por alta activación fisiológica. El estrés es un proceso más amplio de adaptación al medio. La ansiedad es una reacción emocional de alerta ante una amenaza. Digamos que dentro de los procesos de cambio que implican estrés, la ansiedad es la reacción emocional más frecuente. La ansiedad elevada genera estrés. A su vez, el estrés es una de las fuente más comunes de ansiedad.

¿Cuáles son los signos de alerta de ambos?

La ansiedad se identifica normalmente por síntomas físicos: taquicardias, hiperventilación, sudores, mareos… a veces puede confundirse con alguna patología médica, que los servicios médicos descartan enseguida. 

Cuando estamos sometidos a situaciones de ansiedad elevada y/o prolongada, o de estrés continuado, podemos encontrarnos con cuadros sintomáticos más complejos, o patologías que se convierten en un problema de salud: alteraciones psicofisiológicas -sueño, alimentación, sexualidad-; emocionales –problemas de ansiedad, depresión-; neurovegetativas -taquicardia, dolencias musculares, molestias digestivas-; del rendimiento intelectual -concentración, memoria-; debilitamiento del sistema inmunológico -mayor riesgo de infecciones-, etc.

Estas son las denominadas enfermedades psicosomáticas. Se explican por sobrecarga o activación excesiva o intensa de los órganos, agotamiento de los órganos, falta de expresión somatomotora, es decir, tendemos a resolver desde lo cognitivo (pensamientos, toma de decisiones) y los recursos movilizados desde lo motor y lo fisiológico no se desencadenan. 

Pero en formas más leves podemos identificar nerviosismo, alteración ante situaciones concretas, mal manejo de dificultades…

Si notamos algunos de esos signos, ¿qué es lo que debemos hacer?

Realizar ejercicio físico de forma periódica, aprender a relajarse, tomarse un tiempo de descanso y desconexión a lo largo del día, son estrategias que inciden en el manejo de la ansiedad y el estrés. 

Desde lo cognitivo, pararnos a reflexionar sobre lo que está ocurriendo, nuestras respuestas y reacciones ante determinadas situaciones. 

¿Cuándo acudir al psicólogo en estos casos?

Siempre que sintamos que necesitamos ayuda. Aunque yo recomendaría no dejar que la situación se complique, ya que hay veces que lo que se puede solucionar en pocas sesiones, lleva más tiempo al dejar que se cronifique el problema. 

Siempre que haya una afectación a nivel físico, sería necesario consultar. El cuerpo pide ya de forma urgente una intervención, que la medicina a veces solo puede paliar. El cambio tiene que darse desde la persona, sus pensamientos y comportamiento. 

Cuando sentimos que los síntomas o la situación nos sobrepasa, o que nos causa un malestar de forma significativa impidiéndonos seguir con nuestra vida en algunos de sus aspectos, podemos y debemos pedir ayuda de un profesional. 

¿Con qué métodos se combate el estrés y la ansiedad en la consulta del psicólogo?

Se trabaja con la persona de forma global. Analizamos las causas, aprendemos técnicas de relajación, trabajamos con la ansiedad y abordamos la problemática y las diferentes áreas que se ven implicadas. Acompañamos al paciente en el camino hacia su bienestar, ofreciéndole herramientas y ayudándole a encontrar las suyas propias. 

Cada persona afronta el problema y lo vivencia de forma diferente, por lo que cada persona tendrá diferentes necesidades, necesitará diferentes tiempos y encontrará su propio camino en la resolución de su conflicto.

¿Es necesaria la medicación?

Según los casos la medicación puede o no ser necesaria. Es necesario valorar cada caso. 
Hay veces que la medicación es necesaria como coadyuvante en el proceso. En los casos en que nos encontramos con una problemática muy cronificada, o con una sintomatología muy florida, puede ser un facilitador a la hora de llevar a cabo el trabajo terapéutico. 

En estos casos lo recomendable sería que el psiquiatra, que controla la medicación, y el psicólogo trabajen coordinados.  

¿Por qué son dos trastornos tan extendidos en la sociedad actual?

Vivimos en una sociedad acelerada, donde prima lo competitivo; lo personal a veces está subordinado a lo familiar y ambos a lo laboral. Estamos en permanente cambio. Este ritmo trepidante no nos permite parar, asimilar, pensar, digerir esos cambios. Los cambios son una potencial fuente de estrés, y los asumimos sin procesarlos, yendo de uno a otro hasta que algo nos detiene o nos hace detenernos. 

Las situaciones personales pueden actuar como agentes estresantes. Si sumamos la personalidad del individuo, nos vamos a encontrar con una mayor o menor propensión a padecer estrés. Así que nos encontramos con personas por lo general, con una gran exigencia no compensada por las condiciones laborales, sometidos a cambios familiares, personales, en ambientes de ruido y tensión, competencia, al que a veces añadimos alguna problemática familiar/personal subyacente (cuidado de hijos, familiares dependientes, cuando no es la propia precariedad en la situación familiar o personal…), dando como resultado una combinación importante de fuentes de estrés. 

¿Qué podemos hacer para prevenirlos?

Podemos numerar diferentes actividades, pero lo primero a tener en cuenta es que para afrontar la ansiedad y el estrés debemos aprender a relajarnos. La relajación es incompatible con la ansiedad, por lo que su práctica sirve como profilaxis. En el día a día, tenemos que aprender a parar.

    Encontrar espacios propios; prima la calidad sobre la cantidad.
    Aprender estrategias de afrontamiento: técnicas de relajación, actividades relajantes, meditar, respiración…
    Disfrutar de cada día y de cada momento viviendo el aquí y ahora. 
    Ejercicio físico como fuente de bienestar: nos ayuda a descargar la tensión y genera endorfinas, que propician el bienestar. Caminar al menos 20 minutos diarios es un buen ejemplo. 
    Pensar distinto para sentirse mejor; el cerebro no distingue entre la realidad y la imaginación, y reacciona en consecuencia. Por lo que si quieres cambiar tu vida hay que empezar por revisar cómo piensas.
    Apoyarnos en la gente
    Una vida saludable: mens sana in corpore sano.