OPINIÓN

¡Porque lo digo yo y punto!

Censuramos a un adulto que sea sumiso, pero queremos que nuestros hijos sean obedientes a ciegas. Un niño mandón no es bien valorado, pero un adulto con dotes de mando sí. Muchas veces les enseñamos lo que luego no queremos que sean.

Cada vez que les pedimos a nuestros hijos que hagan una cosa sin que hayan entendido el motivo, o que cuando nos preguntan el por qué les contestamos: “Porque lo he dicho yo y punto”, les estamos enseñando a ser sumisos. Y usted no quiere eso.

Usted no quiere un niño que haga lo que sus amiguitos del colegio le digan que haga; usted quiere un hijo que sepa calibrar y distinguir cuando debe obedecer y cuando no. Usted no quiere una hija que de mayor sea sumisa en su matrimonio o en su trabajo; usted quiere una hija capaz de reclamar un aumento de sueldo si le pertenece y de plantarle cara a su pareja si es un maltratador.

Valore en su hijo estos comportamientos cuando los presente. Cada vez que le ordene algoo a su hijo y este le cuestione la conveniencia del acto, no se lo tome a mal. Ojalá se acostumbrara siempre su hijo a analizar si un acto es conveniente o no.