OPINIÓN

Adiós Montesquieu

Algunos venimos defendiendo que la crisis económica ha causado tanto daño porque hay una crisis política más devastadora que la económica. El origen de la crisis que padecemos está en la implosión del sistema financiero por falta de control político. Un sector de la política, hoy predominante, se ha rendido a los pies del poder económico, se ha dejado vender por 30 monedas, se ha prostituido. 

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 Y ahora que está pillado por los cuatro costados, ese sector político, siempre supeditado al poder y al dinero, ha impulsado otra crisis: una crisis institucional.

El Partido Popular, como viene haciendo desde hace muchos años, le atiza una formidable patada en el trasero a Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu. Aunque digan lo contrario, no han respetado nunca la separación de poderes. Han hecho hasta lo inconfesable, por obstruir, interferir, atascar, dificultar, la acción de la Justicia. No son palabras gratuitas sacadas de la chistera como hace Cospedal, o como diría Rajoy. Esto viene desde principios de los noventa con el caso Naseiro, y ha continuado dilatando y entorpeciendo procesos, y hasta expulsando de la carrera judicial a jueces incómodos, si ha sido necesario.

Siguiendo esta misma línea alejada del liberalismo y la coherencia, se ha producido el último choque del ejecutivo contra el poder judicial. No hay ni un solo líder del partido en el Gobierno, que no haya asegurado con rotundidad y solemnidad que ellos, “como no podía ser de otra manera”, “han respetado las decisiones judiciales”, “han dejado trabajar libremente a la Justicia”, “jamás han interferido en su labor”. Pues he ahí los dos últimos botones que muestran todo lo contrario:

Hace muy poco tiempo, muy reciente, la dimisión del ministro de Justicia Ruiz-Gallardón. Eso de que dimitió por la ley del aborto, son muy pocos los que se lo han tragado. Dimitió, según fuentes periodísticas, porque no fue capaz, o se negó, a frenar la acción de la Justicia en relación a los casos de corrupción que le aguardan al partido. Y ya, el más descarado, en el que coinciden todos, la dimisión del Fiscal General del Estado, por la misma razón. Porque no ha podido, o no ha querido, dirigir la Justicia en el sentido que le señalaban desde la política. ¡Adios Montesquieu!