OPINIÓN

Centros públicos

Dejamos dicho en columnas anteriores, y no dejaremos de repetirlo y repetirlo, que el objetivo común en los países europeos a la hora de diseñar los diferentes sistemas educativos radica en la universalidad y la integración. 

Es decir, que la educación llegue a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones, y que se integren en el sistema todos los alumnos, sea cual sea su procedencia. 

 

También hay que dejar claro que España, en este sentido figura a la cabeza de Europa. Y que la diferencia entre unos países y otros, radica en el procedimiento, en el camino a seguir para logar ese objetivo.

Vamos a fijarnos esta semana en los diferentes tipos de centros. Centros privados financiados en su totalidad por los alumnos, centros privados concertados subvencionados con dinero público, y centros absolutamente públicos. Y en este sentido también hay bastante unanimidad. El peso principal del sistema educativo recae en los centros públicos. Solo en algún país como en Holanda predominan los centros privados, pero que, al ser subvencionados funcionan sujetos a los requisitos que establece el gobierno del estado.

Es lógico y normal que la responsabilidad de un sistema educativo basado en la universalidad y la integración recaiga sobre el estado. Es el estado quien tiene la obligación como mejor garante de que la Educación llegue a todos en igualdad de oportunidades. En España, y otros países como Bélgica, esta responsabilidad es compartida entre los centros públicos y los privados concertados. Así viene funcionando desde la LODE de 1985, año en que el gobierno al implantar la universalidad de la Educación tuvo que ofertar la concertación con centros privados para llegar donde el estado no llegaba.

De los centros privados, nada que decir. Solo que no pueden ser el sustento de la universalidad de la educación porque su coste les hace ser muy selectivos, como ocurre en los sistemas anglosajones. El problema que empieza a aparecer en España, desde hace muy poco tiempo, es que los concertados vayan hacia la selección, y releguemos los públicos a centros de acogida de inferior calidad.