OPINIÓN

El Fantasma del Novedades

El día 2 de mayo, en la tierra de los olcades de San Clemente, y en el marco del “Iº Festival Regional de Teatro Francisco Nieva” representaré junto a mis compañeros Leovigildo, Noelia y Cristina la preciosa pieza El Fantasma del Novedades. En este precioso sainete, El Fantasma del Novedades, Francisco Nieva juega con el ansia de eternidad que todo amor conlleva, la muerte, el tiempo, el sueño, la injusticia como resultado inherente a la condición humana y el destino siempre trágico – y lírico - del hombre. 

nieva

El protagonista, Ciclón Filipino, es un político socialista, un activista subversivo del orden a quien el Régimen de Alfonso XIII parece perseguir con saña. Tiene un compromiso político que le lleva a la muerte y sufre un amor infinito que tras declararlo lo somete a la dura ley de la vida, que es una medida de tiempo. En este mundo de medidas ordinarias no cabe su corazón desmesurado, desaforado y lleno de amor y lirismo. Es el héroe, el héroe desaforado que Eugenio D´Ors también sacaba en sus tragedias. La deuteragonista es Tirita, una princesa oculta en su papel de chica de la limpieza de un teatro. Ignorante, pobre, pero bonita como una princesita gótica que sueña también con el príncipe de la Sonatina de Prosas Profanas, y coqueta como toda habitante de corte rubendariana. El amor entre Ciclón Filipino y Tirita está fuera del tiempo literalmente, pues el tiempo de amor en Ciclón se desarrolla en los intermundia, paralelo al tiempo de la realidad, en el que Ciclón Filipino es perseguido por la policía alfonsina y rematado con tiros asesinos por la ley de fugas. Pero el tiempo de los intermundia se rige por la misma ley que el tiempo de esta realidad, y termina cuando el tiempo de la realidad termina. Finalmente, la tritagonista, Madama Pimentón, harpía aristofánica con corazón de Santa Clara, personaje fundado en una mendiga real y estrafalaria que vivió en Madrid a principios del siglo XX y que había sido antigua cantante de ópera y hasta musa alcohólica de muchos escritores y artistas de la época, es la celestina sabia, con magnífica dicción, que une a los dos amantes que se amaban sin conocerse, y que en el caso de la dulce Tirita ni siquiera sabía que amaba a quien tan profundamente amaba. Madama Pimentón despierta el amor de la pareja, y en ese despertar abre la acción dramática y el argumento de esta pequeña tragedia. Pero Madama Pimentón pisa siempre el mundo de la realidad, no entra en el templo sagrado de los intermundia en donde hablan los amantes, por eso sólo habla con Tirita, el personaje más real.

¿Qué nos viene a decir el genio valdepeñero en esta pequeña obra que no pasa de una duración de veinticinco minutos? ¿Por qué hace vestir a Ciclón Filipino de don Juan? ¿No es acaso don Juan Tenorio, como Auto Sacramental, el hombre universal que se enfrenta a Dios tras experimentar quizás un mundo en donde las leyes de Dios no se cumplen en ninguna parte? ¿No es quizás Tirita la nueva Inés que con su inocencia virginal redime al galán maduro, desaforado, desmesurado y siempre rebelde a su destino de hombre? El Fantasma del Novedades, sainete trágico y sublime versión de nuestro Tenorio de teología españolísima. Porque, sin duda alguna, Ciclón Filipino, español de raza, el guapo galán que las viejas rezan como a San Miguel y que ha transgredido todo el fariseísmo institucional de aquella España también necesita redención.

Mil libros de teología dogmática no son capaces de explicar lo que revela este pequeño sainete trágico españolísimo, trasunto párvulo de los viejos autos sacramentales de nuestro Siglo de Oro.