OPINIÓN

La mina, los partidos y la gente

Ha pasado tiempo ya desde que los ciudadanos de nuestra comarca se levantaron por primera vez a luchar contra la minería de tierras raras. Desde entonces, muchos vecinos y vecinas se han ido sumando a esta pelea.

Mineria tierra rara. Quijote y Sancho en manifestación. (Copiar)
Fotografía: Sergio Del Rey Castillo (Manifestación en contra de la minería de Tierras Raras del 21/05/2016)

Pero ahora, nos vemos envueltos en reproches y diferencias. El sí a la tierra viva ha sido y sigue siendo un movimiento político transversal y apartidista. No nos permitamos a nosotros mismos desviarnos del auténtico objetivo: que Quantum no abra las minas. 

Ha pasado tiempo ya desde que los ciudadanos de nuestra comarca se levantaron por primera vez a luchar contra la minería de tierras raras. No recuerdo exactamente cuánto. En mi caso, me enteré de este asunto un poco de rebote, al oír una intervención de un diputado en las Cortes de Castilla-La Mancha. Más tarde, entré algo más en detalle por medio de algunos compañeros de mi asociación, pues esta minería afectaba directamente a amigos cercanos y sus familias.

Desde entonces, muchos vecinos y vecinas se han ido sumando a esta pelea. En mi experiencia personal, he visto como mi entorno más cercano, que nunca se ha metido en política, se implicaba de manera altruista poniendo sus habilidades al servicio del ‘No a la mina’. No siempre con buena acogida, por cierto. Siguiendo esta lógica, este verano propuse a mi grupo de música visibilizar el problema en nuestro concierto de las fiestas del vino, al que sabíamos que acudiría mucha gente joven. Aún siendo conscientes de que podría sentar mal a algunas personas y que conllevaba mojarnos políticamente, nuestra conversación no duró ni dos minutos. Estábamos de acuerdo en lo fundamental: hay que ayudar en lo que se pueda, y más si el ayuntamiento se ha pronunciado en el mismo sentido.

Pero ahora, nos vemos envueltos entre reproches y absurdas diferencias de matiz. Diferencias que no ayudan. Como alguien preocupado por la mina, me importa poco cuál es la verdadera plataforma o la que tiene más seguidores en redes sociales. Me importa algo más mi vecina, que necesita de su huerto para comer y se verá afectada por un proyecto que lo único que traerá será un saco de millones al socio iraní de un expresidente. No estoy afiliado a ningún colectivo en contra de la mina, pero pese a vivir fuera y no poder implicarme en primera persona, volveré a estar donde corresponda si hace falta demostrar otra vez que no la queremos. Convoque la plataforma que convoque. Eso sí, sería deseable que todas trabajaran en cierto modo unidas y de manera coordinada.

El ‘Sí a la tierra viva’ ha sido y sigue siendo un movimiento político transversal y apartidista. Sí, político. Cuando se le reclama a un gobierno que tome una decisión, se está haciendo política, a pesar de que esa palabra no guste a los que nos hemos sentido saqueados por algunos de los que la ejercen. Política apartidista porque exige aplicar el sentido común. Y debe ser al mismo tiempo un instrumento de fraternidad que nace de la gente y dirigido por la sociedad civil, no por ningún partido político. Nadie, aunque quisiera, se lo puede apropiar. Si alguien se propusiera hacerlo, sería contraproducente. Pero si los partidos ponen a sus militantes y parlamentarios a empujar en la dirección que marca el pueblo, estupendo. No hay que ser sectarios. De hecho, ojalá todos ellos se mojaran en esta dirección, porque acercaría la política a la gente.

No nos permitamos desviarnos del auténtico objetivo: que Quantum no abra las minas. No me gusta que se reproche a algunas personas por militar en un partido cuando, por ejemplo, pegan carteles de una manifestación o reparten folletos informativos. Eso, por desgracia, lo he visto con mis ojos. Tampoco que se caricaturice y se intente volver a unos contra otros. Nadie debería estar en eso. Sabemos que es lo que mejor le viene a quienes quieren abrir minería. Estemos vigilantes con quien debemos, dejemos a un lado los matices absurdos y acabemos con este proyecto de la mejor manera: con unidad desde la diversidad.