OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXVII: El gran fraude

Ha muerto George Kennedy, magnífico actor ganador de un Oscar con “La leyenda del indomable”, e intérprete de la excelente “Doce del patíbulo”. Pero se le recordará sobre todo por haber dado vida al capitán Ed Hockens en la saga “Agárralo como puedas”, o por haber aparecido en la película “Terremoto”, o incluso por haber protagonizado varias entregas de “Aeropuerto”. Donde había una película de catástrofes y desgracias múltiples, ahí aparecía este actor; en unas ocasiones para arreglarlo todo, en otras ocasiones para empeorarlo.

pedro sanchez

Por eso me da más pena su fallecimiento, porque no haya podido estar en esta larga retahíla de desdichas que es la política española actual. Y la principal es que los ciudadanos parecemos estar condenados a unos políticos que no parecen querer tratarnos como adultos, que insultan nuestra inteligencia con consignas de saldo, que miran más por ellos mismos y sus partidos que por nosotros, y que no acaban de tomar conciencia de que son nuestros empleados y no nuestros jefes. Empeñados en sus juegos de salón, no parecen darse cuenta de nuestros problemas; pero sobre todo, no parecen tener ningún deseo de solucionarlos.

Hemos podido asistir al discurso del candidato Sánchez en su sesión de no-investidura. Su gran momento, sin duda. La culminación de varias semanas de mareos de perdiz por parte de unos y de otros en la que nadie parece haber sacado nada en claro. Salvo, naturalmente, un pacto con Ciudadanos que ni suma ni al parecer le gusta, porque aprovecha cualquier ocasión de hablar para violar su letra y su espíritu, en su afán de conseguir unos apoyos que todos sabemos que no tendrá. Él el primero. No es casualidad que su intervención haya estado trufada de referencias al diálogo para la semana que viene, cuando esta pantomima que protagoniza fracase finalmente. Y es que cuando ni tú mismo te lo crees, es difícil que puedas convencer a nadie.

Con anterioridad pudimos ver una jugada de trilero consistente en hacer llegar a cada grupo una propuesta personalizada de las de todo a 100. Para eso, igual con haberse plantado ante ellos y haber suplicado de rodillas su voto habría bastado. Porque querer engañar a unos y a otros no suele dar buen resultado, y además te deja una fama de estafador que es difícil poder quitarse de encima. Lo peor no es querer engañar, sino el tufillo a timador que deja en el aire tu presencia y que puede olerse a mucha distancia. A partir de ahora, al candidato Sánchez se le detectará por ese aroma, igual que al Diablo se le reconocía por el olor a azufre que dejaba en la habitación.

No se da cuenta el candidato de que su argumentario para que Podemos se una a él  desmonta y contradice totalmente todo lo que pudiera hacer Ciudadanos para convencer al PP. No se puede proclamar que quieres que Pablo Iglesias se una a ti para ajusticiar públicamente a Mariano Rajoy y esperar que, en la otra habitación, Rivera convenza al Partido Popular de que lleve alegremente a su líder al patíbulo. Para jugar con dos barajas se necesita arte y sutileza, y Sánchez no tiene ninguna de estas cualidades. Como prueba, sus tonantes gritos de que Rajoy e Iglesias están resucitando la famosa y ya lejana pinza. “Qué vergüenza, Podemos va a votar lo mismo que el PP”. Dígase con fingida cara de escándalo. No tiene mejor argumento que decir que es víctima de una conspiración ideada por los radicales antisistema de extrema izquierda y la derechona cavernícola facha y reaccionaria, que se han unido para impedir el tan ansiado gobierno de cambio y progreso. Sólo le falta añadir que los astros están en su contra y tendríamos una tragedia digna de la pluma de los románticos, de esas que acababan en el suicidio de sus protagonistas, y que a día de hoy nos parecen más ridículas que trágicas. Justo igual que él.

No han aprendido nuestros políticos. Llevan muchos años yendo a la tribuna del Congreso a soltarnos un mitin de difícil digestión en el que sólo sobresalen lemas baratos de campaña y consignas para incondicionales. No ha aprendido Pedro Sánchez, que repite los mismos errores de sus mayores. Aún se extrañará de que la gente le dé la espalda a la política. Y aún más de que los que no lo han hecho busquen soluciones en populismos y demagogias. No se da cuenta de que cuando los médicos decepcionan llega la hora de los curanderos, y sus recetas tienen más atractivo porque ofrecen esperanza donde otros sólo ofrecen miedo. No importa que la esperanza sea falsa o que sus recetas sean contraproducentes: el médico ya no podrá convencer a nadie de que la solución es él.

Quiere el candidato cuadrar los números la semana que viene intentando hacer compatible lo que es imposible. Quiere que le apoyen los que no pueden verse entre sí. Quiere ofrecer una cosa a unos y la contraria a otros. Inasequible al desaliento, seguirá intentando timar a diestro y siniestro. Intentará culminar como sea su gran fraude. Y mientras tanto la incertidumbre se agitará en torno a España; una incertidumbre que no consiste en que no haya gobierno, sino en la sospecha de que el que vendrá será peor que el anterior.

Sin duda, George Kennedy habría hecho un gran papel en esta película de catástrofes. No sé si habría interpretado a Sánchez, Rajoy, o sencillamente a su personaje de “Agárralo como puedas”. Lo que sí sé es que no habría sido capaz de salvar la situación; y lo que es peor, tampoco habría sido capaz de empeorarla. 

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