OPINIÓN

Notas desde la barrera Cap. XXXVI: Traficantes de carne

Durante la Edad Media y el Renacimiento existió la figura del perdonador o bulero, que recorría las ciudades vendiendo perdones del Papa escritos en hojas de papel. Este personaje instaba a la gente a comprar estas bulas para salvar sus almas del fuego eterno que les esperaba si persistían en sus pecados. Fue de este modo con el que la Iglesia Católica recaudó suficiente dinero para sus fines. Como ejemplo, baste decir que la venta de bulas permitió financiar la construcción de la Basílica de San Pedro.

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Foto de EFE

Algo parecido está pasando ahora en la Europa que se llama a sí misma “la de los valores cristianos”, sólo que ahora el pecado a cuyo perdón se pone precio es el de no acoger a los refugiados que le toquen a cada país. 250.000 € por cada hombre, mujer, niño o anciano, concretamente. Los gobernantes de los países que no quieran hacerse cargo de esos zarrapastrosos que chapotean en barro sólo tendrán que soltar la mosca y sus deseos serán satisfechos. Con el añadido de que podrán tener la conciencia tranquila porque han pagado para que así sea. Nada como el dinero para acallar conciencias ya de por sí embotadas.

Desde que huyen de su país los refugiados son presa de mafias que los ven como mercancías. Ahora que han ganado la tierra prometida son presa de gobiernos que los ven como desperdicios. Todo ello sin perder su condición de molestia y su carácter de problema. Y ya se sabe que para librarse de los problemas, lo mejor es pagar a alguien que pueda solucionarlos. Si no queremos que vengan más porque nos incomodan las imágenes de niños ahogados en la playa, se paga al turco para que no los deje salir. Si no queremos que pasen y formen una larga caravana que recorra nuestros caminos, pagamos a quién levanta vallas para que se queden atrapados en lodazales inmundos. Si no queremos hacernos cargo de los que debemos acoger, pagamos al vecino para que se quede con ellos. Así puede la vieja Europa dormir con la conciencia tranquila en sus blandas camas. No importa que los que huyen no tengan más lecho que el cieno o más comida que la que las ONG’s puedan darle; los gobiernos mirarán para otro lado porque han pagado por el derecho a hacerlo.

La Europa de los mercaderes adquiere de esta manera una sofisticación sin precedentes, porque está empezando a comerciar con lo único que todavía no podía comprarse o venderse: la vida humana. Quién sabe, puede que este tipo de comercio sea pronto una nueva actividad empresarial que sumar al PIB. ¿Imaginan que Grecia se ofreciera a quedarse con todos los refugiados que están actualmente dentro de sus fronteras? Tendría suficiente para devolver el rescate con creces, y de seguir con el negocio pronto iría a las reuniones del Eurogrupo tratando de tú a tú a la soberbia Alemania. ¡Al rico refugiado! ¡Vamos, que me los quitan de las manos! Ríanse de actividades industriales, turísticas o financieras; el futuro está en el tráfico de refugiados. Y con los beneficios, además, se pueden pagar trajes insumergibles en los que los Ministros correspondientes puedan “sentir” lo que pasa un refugiado en el agua. Ya se sabe que todo negocio necesita promoción, y toda conciencia intranquila algo que la duerma.

Como bien dice Antonio Lucas en su artículo de “El Mundo”, nadie como la Mafia para el negocio de la trata de desperdicios. Lo que me hace reflexionar que Mafia y gobiernos no son tan distantes a fin de cuentas. La diferencia está en que los unos buscan los resquicios legales y los otros directamente inventan esos resquicios. Y tanto los unos como los otros reirán, fumarán sus puros, apurarán sus copas de coñac y se irán a casa a besar a sus esposas e hijos convencidos de que están haciendo un valioso servicio a la sociedad. Lo importante es presentar un buen balance económico a final de ciclo para poder seguir perpetuándose en el poder. Unos por la fuerza y otros a través del engaño.

Esta Europa rendida al becerro de oro olvida sus principios y sus valores. La Europa de la solidaridad se ha convertido en la Europa de los mercaderes. Pronto será la Europa de los mercachifles, y no sería de extrañar que después pasara a ser la Europa de los tratantes de seres humanos. Materia prima no faltará mientras sigan las guerras que hacen que los refugiados sigan fluyendo. Los buleros y perdonadores han tomado el control, y pronto levantarán un nuevo San Pedro aún más imponente. Nada hay más lucrativo que la comercialización de los dramas humanos. A ser posible a todo color y en alta definición. Lo importante es que los consumidores de esos dramas humanos mantengan la conciencia tranquila, y eso es algo que puede conseguirse de un modo bien sencillo. Basta con poner más dinero.

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