OPINIÓN

Programa oculto

A lo largo de la historia, más o menos reciente, las cabezas pensantes de la derecha conservadora han diseñado sus programas de forma oculta. 

Nunca han dicho sus verdaderas intenciones con claridad, nunca han manifestado lo que van a hacer, ni lo que están haciendo. Algunos acusan a esa derecha de improvisar, de no saber lo que hace, de decir un día una cosa, y al día siguiente lo contrario. 

Es cierto, tienen razón quienes lanzan esas acusaciones. Pero no seamos ingenuos, lo hacen en cuestiones cotidianas, en detalles del día a día, en la lucha partidista, en políticas con minúscula. Improvisan porque les da lo mismo. Su objetivo último está en otro sitio.

En lo importante, -importante para ellos-, sí que saben muy bien lo que hacen, Tienen muy claros unos objetivos irrenunciables. Los principios ideológicos que definen el conservadurismo los tienen siempre muy presentes, y jamás se apartan de ellos. Lo que ocurre es que en el fondo de sus conciencias saben que esos principios no son vendibles; no los pueden declarar abiertamente, porque si así lo hicieran “no se comerían una rosca” en los procesos electorales. No llegarían nunca al Gobierno y no podrían reorientar la sociedad hacia su territorio. Tienen que ocultar su programa.

En el año 1996, cuando la derecha llega al poder, se lanzan a todo trapo, a privatizar las empresas públicas: las grandes eléctricas, telefónica, bancos del Estado. No lo habían dicho en su programa. Dijeron que iban a liberalizar el mercado para que la competencia mejorara el bolsillo del consumidor. Un pretexto, porque la competencia en precios, ni llegó, ni ha llegado. Los precios de los productos de esas empresas han subido escandalosamente. Hemos pasado de monopolios públicos a oligopolios privados. Ahora cuando vuelve al poder la derecha, y sin nada empresarial que privatizar, se lanzan a todo trapo a privatizar los servicios públicos.

Nos están vendiendo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, que se ha despilfarrado, que los servicios públicos del bienestar social no son sostenibles. Es falso, es un pretexto, pero no pueden decir otra cosa. Son los líderes de la derecha, que viven en connivencia política y económica con los grandes centros de poder, para conseguir sus propósitos de privatizar y hacer negocio.