OPINIÓN

¿Quién lo regula?

Con la “revolución industrial” se hizo más patente la explotación de las clases trabajadoras por parte de quienes dominaban el capital. Sin embargo, es a partir de entonces cuando empieza a extenderse la convicción de que hace falta regular las normas de trabajo y los salarios para acabar con esa explotación.  Así se inicia el camino para modificar el modelo económico que había llevado a la explotación de los trabajadores por parte del capital. 

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En ese sentido, hay que reconocer que se había ganado mucho terreno. Hasta que llegó esta maldita crisis. Que si no nos ha vuelto a los tiempos de la revolución industrial, sí que está suponiendo un importante retroceso en el camino de regular el trabajo y los salarios. El Partido Socialista en su documento de resoluciones de la Conferencia Política, propone la introducción de un modelo de economía ordenada y regulada, sometida al bien común de la cohesión social y la dignidad laboral. 

Pero eso no será posible si no se acomete con urgencia la ordenación de la economía global y la regulación financiera internacional. La Globalización afecta a la propia democracia porque, los sistemas representativos actuales permiten elegir a sus dirigentes, pero estos no tienen la posibilidad de llevar a cabo esa regulación. Y quienes de verdad la hacen no son los elegidos por los ciudadanos. 

Europa debe ser la unidad en la que compartamos nuestra soberanía con otros pueblos, pero no en una desigualdad de derechos. Debe ser la socialdemocracia la que avance hacia la cesión de soberanía propia, para compartirla con la ciudadanía europea en un primer paso. Después habrá que internacionalizar más la gobernanza, pero de momento nuestra unidad de acción debe ser Europa.

La debilidad de la izquierda ha venido dada precisamente por haberse recluido en ámbitos demasiado reducidos. La política se ha reducido al ámbito de cada nación, mientras la economía se ha globalizado tomando las riendas de su control. Por el contrario los partidos liberales conservadores se han expandido más paralelamente al movimiento económico. Y estas son las consecuencias: una economía globalizada y controlada por sus propios mecanismos, o como mucho con la connivencia de los políticos de derechas.

El socialismo, ahora más que nunca, no puede renunciar a su papel de tener una estrategia para conseguir una mayor influencia y un mayor control de los mercados financieros, con el objetivo de conseguir unos derechos y beneficios sociales para todos los ciudadanos. El no tener un modelo para enfrentarse a estos retos hace que no se vea al socialismo como un medio para conseguir el cambio. 

Porque esta crisis no es sino el imperio del poder financiero que arranca a finales del siglo pasado, y que ha traído como consecuencia la destrucción del progreso económico ordenado y regulado por el poder político. Ahora bien, si esperamos a que el dominio de la política sobre la economía venga de los partidos de la derecha, podemos esperar sentados. Porque sus intereses son los mismos, y no van a tirar piedras a su propio tejado.