LEJOS DEL KM 200

Fernando Martín-Peñasco: "Tengo muy claro que aunque no esté en Valdepeñas siempre estaré orgulloso de mi pueblo, que nunca renegaré de él"

Fernando Martín-Peñasco Osorio es un valdepeñero de 20 años quien, tras finalizar Bachillerato, decidió ampliar horizontes estudiando su carrera de música en uno de los conservatorios más prestigiosos de Londres y del mundo, concretamente en la Guildhall School of Music & Drama. 

FERNRNANDO MARTIN PEÑASCO1 (Copiar)

El piano es su especialidad y su sueño poder vivir de la música y que eso, además, le permita viajar mucho, pero sin olvidar lo orgulloso que está de ser de Valdepeñas. En advaldepeñas, le hemos entrevistado para saber como vive "Lejos del Kilómetro 200".

¿Qué te llevó a dejar de vivir en Valdepeñas?

El motivo que me llevó a dejar Valdepeñas no es diferente al de la mayoría de jóvenes de 17-18 años que acaban el Bachillerato y quieren continuar su formación con estudios universitarios. Yo siempre he tenido muy claro que iba a hacer una carrera, así que la decisión de ir a vivir fuera ya estaba asumida y tomada años atrás, incluso antes de saber adónde iba a ir o qué iba a estudiar. En resumen, me fui únicamente por motivos académicos… O al menos eso es lo que pensaba por aquel entonces.

¿Por qué elegiste la ciudad donde resides actualmente? 

Tenía unas ganas tremendas de hacer algo diferente, de perfeccionar mi inglés lo antes posible… Era curiosidad y aventura. Pensaba: “Si pase lo que pase me voy a ir de casa, ¿qué diferencia hay entre que sea a Salamanca, Zaragoza, etc. o fuera de España?”, y también “si tarde o temprano voy a ir al extranjero (ERASMUS, máster, etc.), ¿por qué no aprovecho y lo hago cuanto antes?”.

Una tarde, en 1º de Bachiller (como siempre, intentando atrasar la hora del estudio), busqué en Google “superior de música en Londres” por curiosidad. Encontré la página web de una escuela de música que me llamó la atención, y pasé mucho tiempo leyendo cosas sobre ella. Me pareció alucinante: http://www.gsmd.ac.uk. A los pocos días descubrí cómo me podía inscribir para hacer las pruebas de acceso, y a partir de ahí todo fue “probar a ver si cuela”, “es casi imposible pero al menos voy un fin de semana a Londres de visita”, “no pierdo nada”… El caso es que seis meses después estaba admitido en uno de los mejores conservatorios del mundo, y eso es algo a lo que no podía decir que no.

Las distancias hoy en día se miden en tiempo y dinero, más que en kilómetros, y en ese sentido Londres no está más lejos que Zaragoza, Salamanca o Bilbao, que son las ciudades de los tres Conservatorios Superiores entre los que habría elegido si me hubiera quedado en España. Además, a pesar de las 9.000 libras anuales que cuesta, el Gobierno te las paga, y tú solo lo devuelves en el futuro si ganas más de 21.000 libras al año. Es como una hipoteca “suave” que además caduca a los 25 años, la hayas repagado o no.

Por estas razones, no me lo pensé dos veces, y siempre apoyado por mi familia, decidí aceptar la plaza.

 ¿Crees que fue una buena elección?

Completamente. Y cada día me doy más cuenta de ello. Al principio pensaba que estaba muy bien, pero esa opinión era muy limitada. Sabía que iba a aprender inglés y que era una escuela buenísima, pero poco más. Como he dicho antes, me fui por motivos académicos, pero ahora pienso que estoy aquí por motivos vitales. Ahora sé que haber tomado esta decisión va a influir enormemente en cualquier cosa que haga más adelante, sea lo que sea. Sé por qué estar en mi conservatorio es un privilegio, más allá del nombre, y soy más consciente de que estoy en un sitio lleno de oportunidades. La experiencia de convivir y conocer gente de tantos países, entenderlos, quererlos… es algo de lo que aprendes tanto o más que con los estudios en sí, y te cambia la forma de ver el mundo al cien por cien. Así que creo que no hubiera podido elegir un lugar mejor para estar en esta etapa.

¿A qué te dedicas en tu nuevo lugar de residencia? 

Sobretodo a estudiar y seguir mejorando. Pero cada vez tengo más oportunidades de desarrollar la carrera en un ámbito más práctico. Hago música de cámara, informática y producción musical, composición para media (TV, radio, cine, etc.), he tocado en la Royal Academy of Dance (RAD) como pianista acompañante, he cantado en coros, hecho proyectos en escuelas de primaria, he dado clase, etc. También he tocado con orquestas como la “Young Musicians Symphony Orchestra” o la “University of London Symphony Orchestra”  tocando la celesta, el órgano y el piano. Es una de las mejores cosas que tiene la música, que puedes hacer muchas cosas diferentes y no caer en lo monótono.

Aunque no se considere académico, repercute muchísimo en mi formación la gran cantidad y calidad de música (y otras artes) que hay en Londres. Es increíble tener a un minuto de tu escuela a una de las mejores orquestas del mundo como es la London Symphony Orchestra, o que cada día del año puedas elegir más de 20 cosas para ver y de las que poder empaparte: desde conciertos de todo tipo, óperas, recitales, ballets, musicales, hasta teatros, exposiciones, festivales temáticos, museos gratuitos y demás.

Fuera de la música, una de las cosas que más me gusta hacer es explorar la ciudad. Siempre hay algo nuevo que ver, y cuando hace buen tiempo suelo ir en bici a perderme y encontrarme. Los planes con los amigos, al igual que ellos, son muy variados y disfruto viendo cómo, a pesar de estar en un sitio completamente nuevo, he conocido a personas que ya me resultan tan familiares e imprescindibles como muchas de las que conocía antes de irme.

¿Cuál es tu rincón preferido de la ciudad?

Elegiría muchos, pero uno muy especial para mí es Hampstead Heath. Es un parque inmenso, que te hace creer que estás fuera, en el campo. Tiene unos 20 lagos y está en la zona más alta de Londres (unos 130 m.). Desde ahí se ve toda la ciudad. La gente que visita Londres no lo suele conocer porque no es muy turístico, pero es una pena, porque esa zona es de las más bonitas.

¿Qué es lo que más echas de menos de Valdepeñas? 

Sobre todo a la gente, tanto familia como amigos. Principalmente, más que el pueblo en sí, son las personas las que han hecho que Valdepeñas sea para mí lo que es.

También cosas como las tapas gratis, las palmeras de la Pilar, las pizzas del Sevilla, etc. Y aunque probablemente hace unos años no lo hubiera dicho, echo bastante de menos el Bernardo Balbuena, en el que he pasado tantos momentos buenos, y donde conocí a tanta gente. Lo mismo con el conservatorio, aunque eso ya llevo mucho más tiempo echándolo de menos.

¿Tienes la intención de volver a residir algún día en Valdepeñas?

Tal y como están las cosas, esa opción es remota. Si de verdad quiero dedicarme a esto, en Valdepeñas, hoy por hoy, no tendría manera de hacerlo, a no ser que decidiera ser profesor. Pero no es el caso, y aun así no estaría en las mejores condiciones. De todas formas, apenas sé nada sobre mi futuro. En un par de años puedo seguir en Londres, o estar haciendo un máster en otro país. Las cosas que me vayan pasando y una serie de decisiones determinarán lo que haga después y dónde esté.

Lo que sí tengo muy claro es que siempre estaré orgulloso de mi pueblo, que nunca renegaré de él y  que iré tantas veces como me sea posible.

¿Qué piensa tu familia de tenerte tan lejos, te visita o vienes más tú a Valdepeñas?

Mis padres seguramente preferirían que estuviera en casa con ellos, pero también entienden lo importante que es esto para mí, así que están muy contentos. Normalmente soy yo el que vuelvo en Navidad, parte del verano, etc. aunque alguna vez ellos también han venido. Sin ir más lejos, toqué un concierto para piano y orquesta el 7 de febrero y vinieron a verme, junto con mi hermana, tíos, amigos… Lo bueno de estar en una ciudad tan popular es que viene mucha gente a visitarla, y a mi me encanta ayudar a mis conocidos a que tengan unos días estupendos y poder estar con ellos también. De hecho, tengo una lista en la que voy apuntando a cuantos valdepeñeros de pura cepa he visto en Londres, y ya van 46. Estoy seguro de que son muchísimos más que si me hubiera ido a Zaragoza, por ejemplo. Por eso, aparte de las visitas planeadas, siempre estoy esperando cruzarme con alguien inesperadamente, ¡y ya ha pasado un par de veces!.