KUKA

Capítulo CXXXIII. La Noria

El ser humano por naturaleza cuando divisa al vecino tiene el afán de superarlo, ya sea la casa, el coche, o el vestir. En el supermercado, donde se grita a pleno pulmón las ofertas del día, al más estilo puesto medieval, me siento observada a mí y mi carrito, pues en tiempos de crisis, ya no se mide solo por la vestimenta sino por lo que comes rigiendo el estatus social de cada persona.

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Cuando paso por la cinta de correr, la Barbie fitness, acelera la velocidad para que no la coja, sin darse cuenta que aunque corra a cien por hora, no despega del suelo. Y qué contar si alguna vez paso por el restaurante con gran esfuerzo, los ojos del vecino se clavan en las ricas y escasas viandas.

Si es que vemos solo lo que queremos ver, ponemos en las redes sociales nuestra mejor foto, vendiendo humo para que quien nos ve crea que la perfección existe. Nada es lo que parece, el ser humano no es estático solo en un momento, pero nuestras miserias nos las llevamos dentro y no les hacemos un selfie, para que las vean los amigos.

En la noria de la vida, solo te bajas cuando mueres, y si miro a mi alrededor me doy cuenta que perdemos mucho tiempo en mirar al vecino. Si nos comparamos con los demás, solo se consigue alimentar al monstruo de la frustración. De todo se aprende y a servidora le queda mucho, mientras tanto toca vivir.