KUKA

Verano del 79

El calor me deja paralizada, obligada siesta, me pierdo con mis amigos, con más libertad que yo se refrescan en el río. Alarde de hombría y tiros de cabeza, más de uno se parte la crisma con alguna piedra. Mis sandalias de plástico esperan impacientes, buscaremos ranas y meteremos renacuajos en un bote y se los llevaré a mi madre, que cuando yo duerma hará lo propio por el desagüe.

verano del 79. (Copiar)

Tardes de Cola Cao bien frío, bocadillo de nocilla y rodillas llenas de costras.  Negros como el tizón y con cada nudo en el pelo  por el que cuesta una llantera hacer la trenza. Codos desollados con el estropajo y también los talones.

Arreglados con la misma tela de cortina vamos a misa los domingos, bien lavados y peinados, claro que eso dura lo mismo que una piruleta en el rellano de la escalera. Un cartucho de pipas, una peseta de caramelos y juegos en la calle hasta media noche. Las leonas, mientras desuellan al pescadero con el rabillo del ojo, vigilan a sus cachorros.

Un perro viejo y sarnoso se me acerca tembloroso y le doy medio bocadillo, el otro medio me lo sustrae el bruto del pueblo.

Madre: Niña ¿es que eres tonta?, cuando seas grande al primero que pase le darás la honra

Niña: ¿Qué es la honra madre?

Madre: Hija mía un regalo que nos hizo Dios para entregarnos en cuerpo y alma al marido.

Niña: Ya entiendo, fregarle, limpiarle y ponerle las zapatillas para ver la tele.

Verano del 79, recuerdos de bicicleta y juegos en la calle, tiempos vividos que nunca serán lo mismo.