KUKA

Capítulo LXXXIV. Ogro

¿Cuál es el mejor actor?. Aquél que por la calle se hace con las masas rodeado por la gente, abierto, charlatán y cómico, embustero crónico, que cuando cruza el umbral de la casa, comienza el infierno. 

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El Ogro ha llegado. Sentadito en el sofá dirige a la señora a golpe de martillo, los defectos y las pocas virtudes más destacadas convierten a estas damas de noble porte, en marionetas sin autoestima. 

Señoritas de compañía alabadas hasta el exceso, mientras la gran señora sufre sola con la única compañía del mando de la televisión, ilusionada con otras vidas atenta a la pantalla, entretenimiento absurdo para una loca soñadora.

Fiestas y banquetes, copiosas cenas, rodeados de hambrientos seres. Lo mismo que un macabro akelarre, alimentando la autoestima del bicho, haciéndolo más grande y pesado. Maquillando a la perfección complejos e inferioridades que si salieran a la luz el monstruo cogería un avión dirección Laponia.

Cuando el ogro muera, con lágrimas y marchas fúnebres, la viuda recordara lo bueno que era y que llevaba el pan a casa, mientras sus amigas más descaradas llorarán la pérdida de su más preciada inversión regada de buen vino.

Desde el portal de mi casa horrorizada al hallar a mi vecina borracha tirada por el suelo, dejo las compras en la encimera de la cocina y me voy a levantarla. Kuka